Cuando la prueba no logra apagar tu fe

📖 Santiago 1:12

Bienaventurado el varón que soporta la tentación. Cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.

Hay etapas en las que la vida parece convertirse en una prueba constante. Apenas logramos superar una dificultad cuando aparece otra; resolvemos un problema y, antes de recuperar el aliento, llega una nueva batalla.

En esos momentos podemos preguntarnos si Dios continúa con nosotros, si nuestras oraciones están siendo escuchadas o si tendremos la fuerza necesaria para seguir adelante.

La Palabra de hoy no llama bienaventurado únicamente a quien ya dejó atrás la prueba. También llama bienaventurado a quien permanece firme en medio de ella.

Aquel que todavía siente el peso, pero no abandona su fe.

Aquel que ha llorado, pero continúa orando.

Aquel que no comprende todo lo que sucede, pero se niega a soltar la mano de Dios.

NO ES BIENAVENTURADO QUIEN NUNCA ENFRENTA EL FUEGO, SINO QUIEN LO ATRAVIESA SIN PERDER SU FE.

Las pruebas revelan aquello que llevamos dentro. Cuando todo marcha bien resulta sencillo decir que confiamos en Dios, pero la verdadera profundidad de nuestra fe se descubre cuando las respuestas tardan, los caminos se cierran y la realidad no coincide con lo que esperábamos.

Es entonces cuando nuestro amor por el Señor deja de ser solamente una declaración y se convierte en una decisión.

Decidimos creer aun cuando no vemos.

Decidimos obedecer aun cuando no entendemos.

Decidimos permanecer aun cuando sería más fácil retroceder.

Decidimos conservar nuestra integridad aunque nadie esté observando.

Soportar no significa permanecer insensible. No significa que el dolor no duela, que el cansancio desaparezca o que nunca sintamos temor. Soportar significa que ninguna de esas cosas logra apartarnos definitivamente de Dios.

Puedes sentirte cansado y continuar creyendo.

Puedes atravesar una noche difícil y seguir esperando la mañana.

Puedes tener preguntas y aun así conservar tu confianza.

Puedes doblar las rodillas sin permitir que se doble tu fe.

LA PRUEBA PUEDE SACUDIR TU VIDA, PERO NO TIENE AUTORIDAD PARA DESTRUIR LO QUE DIOS ESTÁ SOSTENIENDO.

El oro no teme al fuego. El fuego únicamente separa las impurezas y revela su verdadero valor. De la misma manera, existen temporadas que llegan para mostrar qué tan profundas son nuestras raíces y cuánto hemos aprendido a depender del Señor.

Quizá hoy te encuentras atravesando uno de esos momentos. Nadie conoce por completo la batalla que estás librando. Por fuera continúas cumpliendo tus responsabilidades, sonriendo y tratando de mantenerte firme, pero por dentro sabes cuánto te ha costado llegar hasta aquí.

Dios también lo sabe.

Él ha visto las ocasiones en que quisiste rendirte y continuaste.

Ha escuchado las oraciones que pronunciaste entre lágrimas.

Ha contemplado las decisiones correctas que tomaste cuando nadie podía reconocértelas.

Ha estado presente durante cada noche en la que sentiste que tus fuerzas se terminaban.

Nada de eso ha pasado inadvertido delante de Él.

La promesa de Santiago no termina en la prueba. Después de la resistencia aparece una corona: la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.

Esto significa que el sufrimiento no posee la última palabra. La dificultad tiene un límite y la prueba tiene un final. Dios puede utilizar incluso esta temporada para conducirnos hacia una vida espiritual más profunda, una fe más firme y una relación más verdadera con Él.

Después de algunas pruebas ya no oramos de la misma manera.

Ya no confiamos solamente en nuestras capacidades.

Ya no buscamos seguridad únicamente en lo que podemos controlar.

Después del fuego conocemos a Dios de una forma que difícilmente habríamos conocido desde la comodidad.

LA CORONA NO ES PARA QUIEN NUNCA SINTIÓ DEBILIDAD. ES PARA QUIEN, AUN SINTIÉNDOSE DÉBIL, DECIDIÓ PERMANECER.

Hoy la pregunta no es solamente cuánto falta para que termine tu prueba. La pregunta también es: ¿seguirás amando al Señor durante el proceso?

¿Lo amarás cuando no recibas una respuesta inmediata?

¿Confiarás cuando el camino parezca incierto?

¿Permanecerás íntegro cuando nadie pueda descubrir lo que haces?

¿Seguirás creyendo cuando tus emociones te digan que retrocedas?

El amor verdadero también es probado. Las muchas aguas intentarán apagarlo y los ríos tratarán de arrastrarlo, pero el amor alimentado por Dios puede permanecer hasta el final.

No te avergüences si hoy te sientes cansado. Tampoco pienses que tu cansancio significa que has perdido la fe. Descansa en Dios, vuelve a Su Palabra y permite que Él renueve tus fuerzas.

No estás atravesando esta prueba para quedarte a vivir en ella.

Estás avanzando hacia la promesa.

ORACIÓN

Señor, Tú conoces la prueba que estoy atravesando y sabes cuánto me ha costado permanecer firme. Cuando mis fuerzas disminuyan, sostenme. Cuando aparezcan las dudas, recuérdame Tus promesas. No permitas que el dolor me aparte de Ti ni que la desesperación me lleve a renunciar a mi integridad. Alimenta mi amor con el Tuyo, fortalece mi fe y ayúdame a resistir hasta el final. Que esta temporada no destruya mi corazón, sino que me acerque más a Tu presencia y revele la obra que estás realizando dentro de mí. En el nombre de Jesús. Amén.

SI HOY ESTÁS EN MEDIO DE LA PRUEBA, NO TE RINDAS. EL FUEGO NO HA LLEGADO PARA ESCRIBIR TU FINAL. DIOS SIGUE CONTIGO, TU FE ESTÁ SIENDO FORTALECIDA Y DESPUÉS DE LA RESISTENCIA TODAVÍA TE ESPERA LA CORONA DE VIDA.

QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.

Otras notas de interés

  • Cuando el alma necesita volver a respirar

  • Cuando tu oración también lleva los nombres de tu familia

  • El peso que termina haciéndote más fuerte

  • Bendecido al entrar y bendecido al salir