“También sus cielos destilarán rocío.” Deuteronomio 33:28
Hay temporadas en las que por fuera seguimos funcionando, pero por dentro comenzamos a sentirnos secos. Trabajamos, cumplimos responsabilidades, hablamos con la gente, resolvemos problemas y continuamos con nuestra rutina, pero algo dentro de nosotros ya no tiene la misma fuerza.
La Biblia utiliza hoy una imagen sencilla y hermosa: el rocío.
El rocío no llega haciendo ruido. No cae como una tormenta ni golpea como la lluvia. Durante la noche aparece silenciosamente sobre la tierra y, cuando llega la mañana, aquello que parecía seco vuelve a tener humedad, frescura y vida.
Así puede trabajar también Dios en nosotros.
NO TODAS LAS GRANDES OBRAS DE DIOS LLEGAN HACIENDO RUIDO. ALGUNAS LLEGAN COMO ROCÍO.
Hay momentos en los que esperamos una señal extraordinaria, una respuesta inmediata o algo espectacular que cambie nuestra situación. Pero quizá Dios está haciendo algo mucho más profundo y silencioso: está restaurando nuestro interior.
Una conversación que necesitabas escuchar. Una palabra de la Biblia que llegó exactamente en el momento correcto. Una oración que inexplicablemente te devolvió paz. Una persona que apareció cuando más necesitabas compañía. Una fuerza que no sabes de dónde salió para levantarte una mañana y continuar.
A veces así llega el rocío de Dios.
El problema es que podemos acostumbrarnos tanto a vivir acelerados que dejamos de reconocerlo. Queremos respuestas rápidas, resultados visibles y cambios inmediatos, cuando algunas de las transformaciones más importantes comienzan silenciosamente dentro del corazón.
También existen temporadas de sequía espiritual. Oramos y sentimos que nada sucede. Leemos la Palabra y parece que no encontramos aquello que necesitamos. Vamos a la iglesia, escuchamos, cantamos, pero por dentro sabemos que necesitamos algo más.
Necesitamos que Dios vuelva a refrescar nuestra alma.
PUEDES TENER MUCHAS COSAS ALREDEDOR Y AUN ASÍ ESTAR SECO POR DENTRO.
Por eso la promesa de hoy resulta tan hermosa: “sus cielos destilarán rocío.”
La sequía no tiene necesariamente la última palabra.
El cansancio no tiene necesariamente la última palabra.
La temporada difícil tampoco.
Dios todavía puede traer frescura sobre aquello que comenzó a marchitarse.
Tal vez hoy necesitas dejar de pedir únicamente que cambien tus circunstancias y comenzar a pedir también: “Señor, renuévame por dentro.”
Renueva mis fuerzas.
Renueva mi fe.
Renueva mis ganas de continuar.
Renueva mi manera de pensar.
Renueva mi relación contigo.
Renueva aquello que el cansancio, las preocupaciones y las batallas de los últimos meses fueron secando poco a poco.
La tierra no produce el rocío. Lo recibe.
Y quizá esa también sea una enseñanza para nosotros. No todo depende de nuestra capacidad, nuestro esfuerzo o nuestra fuerza. Hay momentos en los que necesitamos detenernos, reconocer nuestra necesidad y permitir que Dios haga aquello que nosotros no podemos hacer solos.
No te desesperes si hoy te sientes seco.
Una planta marchita no necesita discursos.
Necesita agua.
Y un corazón cansado muchas veces tampoco necesita más presión.
Necesita la presencia de Dios.
ORACIÓN
Señor, hoy necesito el rocío de Tu presencia sobre mi vida. Tú conoces las áreas de mi corazón que se han ido secando, las fuerzas que he perdido y las preocupaciones que me han desgastado. Refresca mi alma, renueva mi fe y devuelve vida a aquello que comenzó a marchitarse dentro de mí. Espíritu Santo, acompáñame, fortaléceme y ayúdame a reconocer Tu presencia aun en las formas más silenciosas. Que este nuevo día encuentre mi corazón dispuesto a recibir lo que viene de Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
SI HOY TE SIENTES SECO POR DENTRO, NO PIENSES QUE TODO ESTÁ PERDIDO. EL MISMO DIOS QUE MANDA EL ROCÍO SOBRE LA TIERRA PUEDE HACER DESCENDER NUEVAMENTE FRESCURA SOBRE TU ALMA.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
