Bendecido al entrar y bendecido al salir

“Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.” Deuteronomio 28:6

Cada mañana cruzamos una puerta sin saber exactamente qué encontraremos del otro lado. Salimos de casa con planes, pendientes, responsabilidades, decisiones y quizá alguna preocupación que desde temprano ya ocupa nuestra mente. Pero hoy la Palabra de Dios nos recuerda algo poderoso: podemos comenzar el día confiando en que Su presencia irá con nosotros.

“Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir” habla de una vida que reconoce a Dios tanto dentro como fuera de casa. No se trata de pensar que nunca tendremos problemas, sino de saber que ninguna circunstancia tendrá que enfrentarse sin Su compañía.

LA BENDICIÓN DE DIOS NO SIGNIFICA UNA VIDA SIN BATALLAS; SIGNIFICA NO TENER QUE CAMINAR SOLO EN MEDIO DE ELLAS.

Hay un “entrar” que también sucede dentro de nosotros. Entramos a nuestros pensamientos, revisamos nuestras decisiones, examinamos nuestras intenciones y reconocemos aquello que necesitamos corregir. A veces resulta más fácil observar los errores de los demás que detenernos frente a los nuestros.

Por eso también necesitamos invitar a Dios a entrar en esas habitaciones interiores que pocas personas conocen: nuestros temores, nuestras dudas, nuestros resentimientos, nuestras preocupaciones y nuestras luchas silenciosas. Que Él ponga orden donde existe confusión, paz donde existe ansiedad y dirección donde todavía no sabemos qué hacer.

Pero también tenemos que salir.

Salir a trabajar. Salir a estudiar. Salir a emprender. Salir a resolver problemas. Salir a encontrarnos con personas difíciles. Salir a tomar decisiones importantes. Salir a enfrentar un mundo que no siempre será sencillo.

Y antes de cruzar esa puerta podemos hacer una oración muy sencilla:

SEÑOR, VE CONMIGO.

No sabemos qué conversación tendremos hoy, qué oportunidad aparecerá, qué problema tendremos que resolver o qué decisión podría cambiar nuestros próximos meses. Lo que sí podemos decidir es no caminar confiando únicamente en nuestras propias fuerzas.

Hay puertas que Dios abrirá y otras que quizá permitirá que permanezcan cerradas. Habrá lugares donde tendremos que avanzar y otros de los que será mejor retirarnos. Por eso no necesitamos pedir solamente que Dios bendiga nuestros planes; necesitamos pedirle también que dirija nuestros pasos.

NO LE PIDAS A DIOS ÚNICAMENTE QUE TE ACOMPAÑE A DONDE TÚ QUIERES IR. PÍDELE QUE TE LLEVE A DONDE ÉL QUIERE QUE ESTÉS.

Que Su presencia vaya contigo a esa reunión, a esa oficina, a esa escuela, a ese negocio, a esa consulta, a ese viaje y a cada lugar donde hoy tengas que presentarte.

Y cuando termine la jornada y vuelvas a cruzar la puerta de tu casa, que puedas mirar hacia atrás y reconocer que, aun en aquello que no salió como esperabas, Dios estuvo contigo.

Hoy sal con fe.

Haz tu parte.

Trabaja.

Decide.

Corrige.

Avanza.

Pero no olvides quién quieres que vaya delante de ti.

ORACIÓN

Señor, gracias por este nuevo día. Bendice mi entrar y mi salir. Entra conmigo a mi hogar, a mis pensamientos y a cada área de mi vida que necesita Tu presencia. Sal conmigo a cada lugar al que tenga que ir y dirige mis pasos. Dame sabiduría para tomar buenas decisiones, fortaleza para enfrentar las dificultades y humildad para reconocer cuando debo cambiar de dirección. Abre las puertas que estén dentro de Tu voluntad y ayúdame a aceptar aquellas que deban permanecer cerradas. Que hoy mis acciones, mis palabras y mis decisiones te honren. En el nombre de Jesús. Amén.

NO SÉ TODO LO QUE ENCONTRARÉ HOY AL CRUZAR LA PUERTA, PERO SÍ SÉ QUIÉN QUIERO QUE ENTRE Y SALGA CONMIGO: DIOS.

QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.

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