“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová.”
Salmo 27:14
Esperar no es fácil.
Nos gusta avanzar, resolver, tomar decisiones y ver resultados. Queremos saber qué sigue, cuándo llegará la respuesta y de qué manera se solucionará aquello que nos preocupa.
Pero hay temporadas en las que, después de hacer nuestra parte, Dios parece decirnos una sola cosa:
ESPERA.
Y precisamente ahí comienza una de las pruebas más profundas de nuestra fe.
David no escribió simplemente: “espera”.
Dijo:
“AGUARDA A JEHOVÁ.”
Hay una enorme diferencia.
No estamos esperando únicamente que cambien las circunstancias.
Estamos esperando en Dios.
Esperamos confiando en Su carácter, en Su fidelidad y en que Él conoce aquello que nosotros todavía no alcanzamos a ver.
Tal vez llevas tiempo esperando.
Una respuesta.
Una oportunidad.
Una puerta.
Una restauración.
Una solución económica.
Un cambio en tu familia.
El cumplimiento de algo por lo que has orado durante meses o incluso años.
Y llega un momento en el que el corazón se cansa.
Por eso, justamente en medio del versículo, aparece una promesa extraordinaria:
“ALIÉNTESE TU CORAZÓN.”
Dios sabe dónde necesitamos fortaleza.
Podemos sonreír frente a los demás y estar cansados por dentro.
Podemos continuar trabajando y sentir que nuestro corazón comienza a perder fuerzas.
Podemos decir que todo está bien y, en silencio, preguntarnos cuánto tiempo más tendremos que esperar.
Pero Dios puede llegar precisamente ahí.
AL CORAZÓN.
Él puede darte tranquilidad en medio de la incertidumbre.
Puede darte fuerzas sin que todavía haya cambiado la situación.
Puede devolverte esperanza antes de que llegue la respuesta.
Y eso también es un milagro.
A veces pensamos que Dios solamente está obrando cuando vemos puertas abrirse.
No siempre.
DIOS TAMBIÉN ESTÁ TRABAJANDO EN TI MIENTRAS ESPERAS.
Está formando paciencia.
Está fortaleciendo tu carácter.
Está enseñándote a confiar.
Está acomodando cosas que todavía no puedes ver.
Y quizá está preparando algo para lo cual todavía necesitas estar listo.
Por eso esperar en Dios no significa quedarse inmóvil.
Mientras esperas:
Ora.
Trabaja.
Prepárate.
Corrige lo que tengas que corregir.
Haz aquello que sí está en tus manos.
Y después permite que Dios se encargue de aquello que solamente está en las Suyas.
No intentes abrir a la fuerza una puerta que Dios todavía mantiene cerrada.
No tomes una decisión desesperada solamente para terminar con la incertidumbre.
No cambies el plan de Dios por la ansiedad de obtener una respuesta inmediata.
LO QUE DIOS TIENE PARA TI NO NECESITA QUE DESTRUYAS TU PAZ PARA CONSEGUIRLO.
David termina exactamente como comenzó:
“SÍ, ESPERA A JEHOVÁ.”
Como si después de todo lo dicho quisiera asegurarse de que no olvidáramos la instrucción.
Espera.
Pero espera con fe.
Espera trabajando.
Espera preparándote.
Espera creyendo.
Y cuando tu corazón comience a cansarse, vuelve a recordar:
DIOS NUNCA LLEGA TARDE.
Oración
Señor, confieso que algunas veces me cuesta esperar. Quiero respuestas rápidas y entender inmediatamente lo que estás haciendo. Hoy pongo delante de Ti aquello que llevo tiempo esperando. Fortalece mi corazón para no desesperarme, dame sabiduría para hacer aquello que me corresponde y paz para dejar en Tus manos lo que no puedo controlar. Ayúdame a confiar en Tus tiempos aun cuando no comprenda el proceso. Que mientras llega la respuesta, mi fe se haga más fuerte y mi corazón permanezca cerca de Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
NO CONFUNDAS EL SILENCIO DE DIOS CON SU AUSENCIA.
MIENTRAS TÚ ESPERAS, ÉL TODAVÍA ESTÁ TRABAJANDO.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
