“Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por Jehová su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes.”
Oseas 1:7
Estamos acostumbrados a pensar que para ganar una batalla necesitamos tener todas las herramientas.
Contactos.
Dinero.
Influencia.
Experiencia.
Personas que nos respalden.
Un buen plan.
Y claro que debemos prepararnos, trabajar y utilizar responsablemente los recursos que Dios pone en nuestras manos.
Pero hoy la Palabra nos recuerda algo que jamás debemos olvidar:
NUESTRA CONFIANZA FINAL NO ESTÁ EN LOS RECURSOS. ESTÁ EN DIOS.
El Señor prometió salvar a Judá de una manera extraordinaria.
No mediante arcos.
No mediante espadas.
No mediante caballos.
Ni siquiera mediante una batalla.
DIOS MISMO LO HARÍA.
¿Por qué?
Porque hay ocasiones en las que Dios permite que desaparezcan nuestras seguridades para enseñarnos dónde estaba realmente nuestra confianza.
Mientras tenemos muchas opciones, resulta sencillo decir que confiamos en Dios.
Pero cuando las puertas comienzan a cerrarse, cuando el teléfono deja de sonar, cuando quien prometió ayudarnos desaparece y cuando nuestros propios recursos parecen insuficientes, entonces descubrimos dónde habíamos colocado nuestra esperanza.
Y precisamente ahí puede comenzar una de las experiencias más extraordinarias de nuestra fe.
CUANDO YA NO HAY NADIE MÁS A QUIEN MIRAR, APRENDEMOS A MIRAR HACIA ARRIBA.
Quizá hoy estás enfrentando una situación y piensas:
“No tengo cómo.”
No tengo suficientes recursos.
No conozco a la persona indicada.
No tengo quién me defienda.
No veo una salida.
Pero Oseas nos recuerda que Dios no está limitado por aquello que a nosotros nos falta.
Él puede utilizar personas, oportunidades y recursos para ayudarnos.
Pero también puede actuar de una manera que jamás habíamos imaginado.
Hay puertas que Dios puede abrir sin que tengas que derribarlas.
Hay batallas que puede resolver sin que tengas que pelearlas.
Hay personas de las que puede defenderte sin que tengas que responderles.
Hay caminos que puede abrir donde tú solamente alcanzabas a ver una pared.
NO TODAS LAS VICTORIAS NECESITAN UNA BATALLA.
Algunas necesitan obediencia.
Otras paciencia.
Y algunas simplemente necesitan que dejemos de intentar controlar absolutamente todo y aprendamos a confiar.
Eso tampoco significa cruzarnos de brazos.
Haz tu parte.
Trabaja.
Prepárate.
Sé responsable.
Toma decisiones.
Busca soluciones.
Pero después de hacer aquello que te corresponde, deja de vivir como si todo dependiera únicamente de ti.
Porque tu arco puede romperse.
Tu espada puede fallar.
Tus caballos pueden cansarse.
Las personas pueden abandonarte.
PERO DIOS SIGUE SIENDO DIOS.
Quizá precisamente aquello que hoy parece dejarte sin recursos termine convirtiéndose en el escenario donde puedas decir:
“ESTO NO LO HICE YO. DIOS ABRIÓ EL CAMINO.”
Y entonces no habrá dudas acerca de quién merece la gloria.
Oración
Señor, hoy reconozco que muchas veces he puesto mi seguridad en mis propios recursos, capacidades o en las personas que pueden ayudarme. Enséñame a confiar primero en Ti. Haré responsablemente mi parte, pero no quiero vivir creyendo que todo depende de mis fuerzas. Si hoy enfrento una batalla que parece superior a mí, recuérdame que Tú no necesitas arco, espada, caballos ni jinetes para salvar. Abre el camino conforme a Tu voluntad y permite que, cuando llegue la victoria, toda la gloria sea para Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
HAY BATALLAS QUE DIOS NO TE PEDIRÁ PELEAR.
SOLO TE PEDIRÁ CONFIAR MIENTRAS ÉL ABRE EL CAMINO.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
