Dentro de poco van a empezar a meternos miedo. De un lado nos van a decir que, si llega Morena, Chihuahua está en peligro, del otro, nos van a jurar que, si continúa el PAN, Chihuahua seguirá igual o peor. Unos hablarán de defender al estado, los otros de transformarlo. Unos sacarán los errores de la Federación, los otros los del Gobierno estatal. Conforme se acerque 2027 aparecerán encuestas, espectaculares, videos, jingles, abrazos, sombreros, botas, recorridos por mercados y candidatos comiéndose un burrito frente a una cámara para demostrar que son pueblo. Lo de siempre.
Lo que sí, es que entre tanto ruido corremos el riesgo de olvidar algo bastante sencillo: Chihuahua no es de Morena, tampoco es del PAN. ¡Chihuahua es de los chihuahuenses!
Parece una pendejada tener que recordarlo, pero viendo cómo se comportan algunos partidos cuando llevan demasiado tiempo gobernando y cómo se comportan otros cuando sienten que ya les toca…**quizá haga falta.
En el 2027 no solamente vamos a escoger gobernador, vamos a decidir qué tipo de relación queremos tener con el poder durante los siguientes seis años. Esta decisión toca mucho más que los pleitos del círculo rojo, las columnas políticas, las mesas de café y las encuestas que circulan por WhatsApp. Toca al que abre su negocio a las siete de la mañana, al que espera el camión, al ganadero que mira al cielo esperando lluvia, al agricultor que pelea por el agua, al empresario que paga nómina, al joven que no sabe si quedarse o largarse, a la madre que quiere que su hijo regrese seguro a casa y al trabajador que todos los días hace cuentas para ver si alcanza.
A tales también les pertenece Chihuahua, aunque solamente se acuerden de ellos cuando hay elecciones.
SI GANA MORENA… Morena tiene frente a sí una oportunidad histórica: disputar seriamente un estado que durante años ha representado un contrapeso político frente al poder federal. Puede ganar, sería absurdo negarlo. Tiene estructura, marca, programas federales, presencia territorial y aspirantes competitivos.
Ganar Chihuahua sería apenas el principio. Una cosa es gritar “¡transformación!” desde un templete y otra bastante diferente explicar qué demonios significa transformar Chihuahua.
¿Qué van a hacer con la inseguridad, aunque haya disminuido en los últimos años? ¿Qué van a hacer con las carreteras? ¿Qué van a hacer con la Sierra? ¿Qué van a hacer con el campo? ¿Qué van a hacer con el agua? ¿Qué van a hacer con la frontera? ¿Qué van a hacer con Juárez? ¿Qué van a hacer con la relación económica con Estados Unidos? ¿Qué van a hacer cuando los intereses de Chihuahua no coincidan con los intereses políticos del centro?
Ahí los quiero escuchar, y cabe mencionar el dicho popular: “Haber si como roncan, duermen”
El estado grande no necesita un gobernador(a) que para tomar cada decisión importante tenga que voltear hacia la Ciudad de México y preguntar: “¿Sí puedo?”. Tampoco necesita un gobernador que convierta cada diferencia con la Federación en pleito simplemente para presumir independencia.
Necesitamos alguien capaz de sentarse con la presidenta de la República cuando Chihuahua necesite recursos, coordinación o infraestructura y, al mismo tiempo, capaz de levantarse de esa mesa y decir NO cuando crea que una decisión perjudica al estado.
Eso se llama gobernar, lo otro se llama obedecer o pelear. Ninguna de las dos cosas, por sí sola, alcanza.
Morena tendrá además otra prueba que quizá sea todavía más difícil: demostrar que puede llegar unido después de escoger candidato. Mientras todos crean que pueden ganar la candidatura, la unidad es facilísima. Quiero verla cuando solamente quede un nombre en la boleta y varios sueños debajo de la mesa. Aquí sabremos si Morena quería ganar Chihuahua, o si algunos solamente querían ganar Morena.
SI CONTINÚA EL PAN… Tampoco se me emocionen los azules. Para conservar Chihuahua no debería alcanzar con repetir: “Que no llegue Morena.” Eso no es proyecto de gobierno, eso es miedo convertido en eslogan.
Si el PAN quiere otros seis años en Palacio, tendrá que responder una pregunta que cualquier ciudadano tiene derecho a hacer: ¿Para qué? No por qué Morena sería peor. No qué hizo López Obrador. No qué hace Sheinbaum. No qué ocurre en otros estados. No, eso no.
¿Para qué quieren ustedes otros seis años? ¿Qué van a hacer mejor? ¿Qué van a corregir? ¿Qué faltó? ¿Qué funcionó? ¿Qué no funcionó? ¿Qué problema llevan años prometiendo resolver y todavía sigue ahí?
Llega un momento en cualquier gobierno en que ya no alcanza con voltear hacia atrás y decir: “Así nos lo dejaron.” Después de algunos años manejando el carro, si sigue haciendo el mismo ruido, alguna responsabilidad tendrá también el que lleva rato agarrando el volante.
¡Ojo! cuidado con otra enfermedad del poder: confundir continuidad con propiedad.
Ningún partido hereda un estado, ningún gobernador puede escriturarle Palacio a su sucesor, ningún grupo político tiene derecho de antigüedad sobre una gubernatura, y ningún candidato merece el voto simplemente porque trae puesta la camiseta del equipo que actualmente gobierna.
Si el PAN quiere seguir, que convenza, que presente resultados, que reconozca errores, que explique qué sigue, que nos diga por qué Chihuahua estaría mejor seis años más con su proyecto.
Vale decir que si toda su campaña termina reducida a: “Nosotros o Morena”, entonces tendremos una elección bastante pobre para un estado tan grande.
Ahora pasamos a lo que casi nadie quiere discutir, los contrapesos… Esta palabra que suena muy elegante en las mesas políticas pero que en la calle puede explicarse facilito: que nadie tenga todo el poder y haga lo que le dé la gana. Así de sencillo.
México ya tiene un gobierno federal encabezado por Morena. Si Morena gana Chihuahua, el estado tendría un gobierno del mismo signo político que la Federación. Para nada es automáticamente bueno ni automáticamente malo.
Podría facilitar acuerdos y coordinación, también podría disminuir un contrapeso político. Todo dependerá de una cosa: qué clase de gobernador llegue. Un gobernador del mismo partido que la presidenta puede coordinarse sin arrodillarse. Uno de oposición puede defender Chihuahua sin convertir cada miércoles en una guerra contra Palacio Nacional.
Lo que necesitamos no es un gobernador que sea empleado de la Federación, ni tampoco uno que construya toda su personalidad política peleándose con ella. Necesitamos alguien que entienda que primero está Chihuahua.
Dicho lo anterior, la pregunta que yo le haría a cualquiera que quiera sentarse en Palacio: Cuando defender a Chihuahua te cueste caro políticamente dentro de tu propio partido… ¿A quién vas a escoger?
Este es el fin del discurso… Defender Chihuahua cuando hacerlo te da aplausos es muy fácil. Quiero verlo cuando cueste una candidatura, cuando cueste una amistad, cuando moleste al dirigente nacional, cuando incomode al grupo político, cuando llegue una llamada desde arriba, cuando los aliados digan que mejor no, cuando el presidente de tu partido te pida disciplina.
Ahí quiero ver qué tan chihuahuense resulta el chihuahuense.
Y LA RAZA, ¿QUÉ?… Mientras ellos discuten quién va arriba tres puntos, quién tiene mejor estructura, quién controla tal municipio, quién trae el respaldo de fulano y quién salió primero en la encuesta de mengano, la raza está resolviendo otra elección todos los días: Entre pagar la luz o completar la despensa. Entre echar gasolina o guardar para la colegiatura. Entre esperar el camión o pagar transporte. Entre seguir con el negocio o cerrar. Entre quedarse en el pueblo o irse. Entre denunciar o mejor no meterse en problemas. Entre mandar al hijo a estudiar fuera, o mandarlo fuera porque aquí no encontró oportunidad.
Ese es el Chihuahua que deberían estar discutiendo. No solamente el de Palacio, no solamente el de las dirigencias, no solamente el del círculo rojo. Al final el círculo rojo cabe en unos cuantos restaurantes, Chihuahua no.
Chihuahua son casi cuatro millones de historias que no caben en una encuesta. A esas personas les importa muy poco quién ganó la guerra de WhatsApp entre operadores políticos, si el agua no llega, la carretera está hecha pedazos, el negocio no vende o salir de noche sigue dando miedo.
NO VAMOS A ELEGIR SANTOS… Esto también conviene dejarlo claro desde ahorita. En 2027 no aparecerá un candidato montado en caballo blanco dispuesto a salvar Chihuahua. ¡No chinguen! Vamos a elegir políticos, personas con virtudes, defectos, grupos, intereses, historias, amigos, adversarios, errores, compromisos y ambiciones. Así que dejemos de buscar mesías y mejor hagamos preguntas al de Morena, al del PAN, al que aparezca por otro partido:¿Quién te financia políticamente? ¿Quiénes te rodean? ¿A quién le debes favores? ¿Qué has hecho cuando has tenido poder? ¿Cómo reaccionas cuando te contradicen? ¿Sabes reconocer un error? ¿Tienes equipo o porristas? ¿Defenderías Chihuahua incluso frente a tu propio partido? ¿Y qué harás cuando gobernar bien choque con tu siguiente aspiración política?
Esas preguntas dicen muchísimo más que un espectacular donde alguien aparece viendo hacia el horizonte.
Martillazooo final
A Morena le corresponde demostrar que cambiar de color no significa cambiar de dueño. Al PAN le corresponde demostrar que seguir gobernando no significa sentirse dueño. A nosotros nos corresponde dejar de comportarnos como aficionados de futbol cada vez que hay elecciones.
¡Señores! el voto no es una carta de amor. No tienes que enamorarte del candidato, no tienes que defenderlo en Facebook, no tienes que justificar cada pendejada que haga solamente porque votaste por él. El voto es un contrato con fecha de vencimiento.
Te presto el poder, gobierna, cumple, rinde cuentas, y cuando vuelvas a pedirlo, vemos cómo te fue. Así debería funcionar porque el político no nos hace un favor gobernando, nosotros le hacemos un favor prestándole el poder.
Quizá ese sea el cambio más importante que Chihuahua necesita rumbo a 2027: dejar de preguntar solamente quién va a ganar y empezar a preguntar para qué quiere ganar.
Que Morena explique su transformación. Que el PAN explique su continuidad. Que todos expliquen sus cuentas. Ya después decidimos sin miedo, sin fanatismo, sin mesías, sin creer que porque uno es azul tiene cuernos o porque el otro es guinda trae aureola. Los colores partidistas cambian, los problemas se quedan.
Cuando llegue el día que finalmente estemos frente a la boleta, quizá la pregunta no debería ser solamente: ¿PAN O MORENA? La pregunta verdaderamente cabrona debería ser:
¿QUIÉN VA A DEFENDER A CHIHUAHUA CUANDO DEFENDER A CHIHUAHUA LE CUESTE ALGO?
Para tomarse fotografías con la bandera del estado sobran voluntarios, para defenderlo cuando hay que pagar un precio político…ahí empieza la fila a hacerse más cortita.
¡El que entendió, entendió! Los que desde ahorita sienten que Chihuahua ya les pertenece, que primero nos enseñen dónde chingados guardan las escrituras.
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!
