La cucaracha odiaba a la hormiga…Hasta que llegó el insecticida

En aquel jardín la cucaracha no soportaba a la hormiga, le molestaba verla trabajar, le molestaba que tuviera su propio hormiguero y hasta le molestaba que otros insectos hablaran bien de ella. Con los años dejó de importarle si la hormiga hacía algo bueno o malo; simplemente quería verla fuera. Su odio había crecido tanto que ya no buscaba una mejor opción para el jardín, buscaba cualquier opción capaz de acabar con la hormiga.

Un día aparecieron elecciones, los candidatos recorrieron el jardín prometiendo mejores hojas, más alimento, seguridad en los caminos y oportunidades para todos los insectos. Pero apareció uno diferente, no prometió demasiado, ni siquiera explicó con claridad cómo pensaba mejorar las cosas, solamente ofreció algo que inmediatamente emocionó a la cucaracha: “Yo voy a terminar con las hormigas.” La cucaracha ni siquiera preguntó qué más pensaba hacer, con eso le bastó.

Llegó el día de la elección y corrió feliz a votar por el insecticida. El grillo, decepcionado de todos, decidió votar en blanco. La mosca dijo que todos eran iguales, que la política le daba flojera y prefirió quedarse en casa. El escarabajo sabía que aquello podía terminar mal, pero pensó que seguramente otros resolverían el problema.

Esa noche anunciaron el resultado: Había ganado el insecticida.

La cucaracha celebró como nunca, bailó, gritó y se burló de las hormigas. Finalmente había ocurrido aquello que durante tanto tiempo había deseado. Al día siguiente comenzó la fumigación y las primeras en desaparecer fueron precisamente ellas.

—¡Se los dije! —gritaba feliz la cucaracha—. ¡Para eso votamos!

Durante algunos días se sintió ganadora, hasta que llegó la segunda fumigación.

La cucaracha comenzó a sentirse mareada, el grillo dejó de cantar, la mosca intentó salir volando y el escarabajo corrió buscando refugio. Fue entonces cuando alguien encontró tirada en el suelo la etiqueta del producto que todos habían elegido. La cucaracha la leyó, y finalmente entendió. En ninguna parte decía que el insecticida solamente mataba hormigas. Demasiado tarde.

Esta es una de las grandes estupideces que podemos cometer frente a una urna: votar pensando únicamente en destruir al que odiamos sin detenernos a pensar qué estamos poniendo en su lugar.

Una elección no es una revancha. No debería ser un berrinche ni la oportunidad de cobrarle facturas al partido que nos cae mal, al candidato que detestamos o al gobernante que nos decepcionó. Claro que existe el voto de castigo y claro que los malos gobiernos deben pagar electoralmente sus errores. Pero entre castigar a quien gobierna mal y entregarle el jardín al primero que promete destruirlo existe una diferencia enorme.

También están el grillo y la mosca. El grillo podrá decir hasta el último momento: —Yo voté en blanco. La mosca podrá presumir: —A mí ni me metan, yo no fui a votar. Qué bueno.

Al insecticida le vale madre.

Ésa es otra lección que algunos todavía no terminamos de comprender: puedes decidir no participar en una elección, pero no puedes decidir no vivir bajo el gobierno que eligieron quienes sí participaron. La abstención también deja una silla vacía y alguien más termina sentándose en ella.

Camino al 2027 ya estamos escuchando, promesas, acusaciones, encuestas, guerras sucias y aspirantes tratando de convencernos de que el otro es prácticamente la encarnación del demonio. Unos pedirán apoyo para que no lleguen aquellos; otros pedirán apoyo para sacar a éstos. Y probablemente muchos ciudadanos terminarán decidiendo más por coraje que por convicción. En este punto es cuando convendría recordar aquel jardín.

Antes de votar pregúntate quién es. Qué ha hecho. Qué sabe hacer. Con quién viene. Qué propone. Qué resultados tiene. Y, sobre todo, qué puede hacer con el poder después de que se lo entregues.

No importa si hablamos de PAN, PRI, Morena, Movimiento Ciudadano o del partido que mañana inventen. Los colores cambian. La responsabilidad del ciudadano no.

No votes solamente pensando a quién quieres sacar. Piensa muy bien a quién estás metiendo.

Martillazooo final

La cucaracha murió convencida de que al menos había conseguido acabar con la hormiga. El grillo murió insistiendo en que él había votado en blanco. La mosca alcanzó a recordarles que ella ni siquiera había ido a votar. Al insecticida le dio exactamente lo mismo.

Tiempo después alguien volvió a aquel jardín. Estaba limpio. Ya no había discusiones. No había protestas. No había diferencias. Nadie peleaba por comida. Nadie cuestionaba nada. Tampoco quedaba nadie para hacerlo.

Quizá ésa sea la parte que nunca debemos olvidar cuando llegue el momento de votar. El odio es un pésimo consejero. El fanatismo también.

Algunas veces estamos tan ocupados deseando que pierda aquel que tenemos enfrente, que ni siquiera nos damos cuenta de lo que estamos dejando entrar por detrás.

¡El que entendió, entendió! Y camino al 2027, antes de votar por el insecticida solamente para chingar a la hormiga…LEE BIEN LA ETIQUETA. No vaya a ser que también diga: “MATA CUCARACHAS.”

P.D. Aunque aún falta para que llegue el momento de votar en el 2027, vale más que de una vez te vayas fijando quien se parece más a la cucaracha.

MARTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!

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