“Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión.” Isaías 32:2
Hay temporadas en las que la vida cambia de clima sin avisar. Un día todo parece estar bajo control y al siguiente aparece una noticia, un problema, una pérdida, una preocupación familiar, una dificultad económica o una situación que simplemente no sabemos cómo resolver.
Y entonces llega el viento.
Hay vientos que solamente incomodan, pero también existen tormentas capaces de sacudir aquello que creíamos completamente seguro. Nuestros planes cambian, las certezas desaparecen y hasta nuestra fortaleza comienza a sentirse diferente.
Isaías nos recuerda hoy que existe un lugar donde podemos refugiarnos.
JESÚS NO PROMETIÓ QUE NUNCA HABRÍA TORMENTAS. PROMETIÓ SER REFUGIO EN MEDIO DE ELLAS.
Muchas veces nuestra primera reacción ante los problemas es intentar resolverlo todo solos. Pensamos, calculamos, buscamos alternativas, llamamos personas, imaginamos escenarios y terminamos agotados tratando de controlar aquello que quizá nunca estuvo completamente en nuestras manos.
No está mal buscar soluciones. Debemos hacer nuestra parte. Pero existe una enorme diferencia entre enfrentar una tormenta desde la desesperación y enfrentarla sabiendo dónde está nuestro refugio.
LA FE NO SIEMPRE CALMA INMEDIATAMENTE LA TORMENTA; MUCHAS VECES COMIENZA CALMANDO EL CORAZÓN QUE ESTÁ DENTRO DE ELLA.
Jesús puede convertirse en ese escondedero cuando las noticias no son buenas, cuando tenemos miedo de lo que viene, cuando alguien nos decepciona, cuando nuestros planes se derrumban o cuando simplemente estamos cansados de mantenernos fuertes frente a todos.
Con Él no tenemos que fingir.
Podemos llegar preocupados.
Podemos llegar cansados.
Podemos llegar confundidos.
Podemos incluso llegar sin saber qué decir.
Un refugio no existe para quienes pueden controlar la tormenta. Existe precisamente para quienes necesitan protección mientras pasa.
Quizá hoy llevas varios días luchando contra el viento. Has intentado mantenerte firme, pero sabes que por dentro estás cansado. Entonces esta Palabra también es para ti:
NO TIENES QUE PERMANECER EXPUESTO A LA TORMENTA CUANDO DIOS TE ESTÁ OFRECIENDO REFUGIO.
Refugiarte en Jesús no significa abandonar tus responsabilidades ni esperar que todo se resuelva mágicamente. Significa dejar de cargar solo aquello que puedes poner en Sus manos. Significa trabajar sin perder la paz, decidir sin permitir que el miedo gobierne y avanzar sabiendo que tu seguridad final no depende únicamente de las circunstancias.
Las tormentas también revelan dónde habíamos construido nuestra confianza.
Hay cosas que parecían indestructibles hasta que llegó el viento. Dinero, posición, relaciones, proyectos, reconocimiento o seguridad personal pueden cambiar de un momento a otro.
Pero hay un refugio que permanece.
JESÚS.
Tal vez hoy no puedas detener el viento.
Tal vez tampoco puedas cambiar inmediatamente aquello que está sucediendo.
Pero sí puedes decidir dónde permanecer mientras pasa la tormenta.
Corre hacia Dios.
Ora.
Descansa.
Haz lo que te corresponde y entrégale aquello que ya no puedes controlar.
Algún día mirarás hacia atrás y quizá descubras que la tormenta fue fuerte, pero también recordarás algo todavía más importante:
EL REFUGIO FUE MÁS FUERTE QUE LA TORMENTA.
ORACIÓN
Señor Jesús, hoy reconozco que necesito refugiarme en Ti. Tú conoces los vientos que están golpeando mi vida, las preocupaciones que llevo dentro y aquello que no puedo controlar. Dame paz en medio de la tormenta, sabiduría para hacer lo que me corresponde y fe para entregarte lo que está fuera de mis manos. Cuando tenga miedo, recuérdame que no estoy solo. Cuando me sienta cansado, fortaléceme. Sé mi escondedero, mi refugio y mi seguridad hasta que pase la tormenta. En el nombre de Jesús. Amén.
QUIZÁ HOY NO PUEDAS DETENER LA TORMENTA, PERO SÍ PUEDES ELEGIR DÓNDE REFUGIARTE. Y CUANDO TU REFUGIO ES JESÚS, EL VIENTO PODRÁ SACUDIR MUCHAS COSAS… PERO NO TENDRÁ LA ÚLTIMA PALABRA.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
