Crecer hacia arriba, aun cuando lleguen las tormentas

“El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano.” Salmo 92:12

Hay personas que solamente florecen cuando todo está bien. Cuando hay tranquilidad, reconocimiento, dinero, salud y las cosas salen conforme a sus planes, resulta sencillo mantenerse fuertes.

Pero Dios hoy nos presenta dos imágenes completamente diferentes: la palmera y el cedro.

Dos árboles fuertes. Dos árboles que permanecen. Dos maneras de recordarnos que una vida sostenida por Dios no depende únicamente de que el clima sea favorable.

La palmera tiene algo extraordinario: su crecimiento apunta hacia arriba. No desperdicia su fuerza tratando de extenderse hacia todos lados. Avanza buscando altura.

Quizá ahí exista una enseñanza para nosotros.

NO NECESITAS CRECER HACIA DONDE TODOS ESTÁN MIRANDO. NECESITAS CRECER HACIA DONDE DIOS TE ESTÁ LLAMANDO.

Vivimos rodeados de comparaciones. Observamos lo que otros tienen, cuánto han avanzado, qué consiguieron, dónde están y qué reconocimiento reciben. Sin darnos cuenta podemos terminar gastando nuestra energía mirando hacia los lados.

La palmera nos recuerda: mira hacia arriba.

Tu carrera es tuya.

Tu proceso es tuyo.

Tu tiempo es tuyo.

Y el propósito que Dios tiene para tu vida tampoco necesita parecerse al de nadie más.

Después aparece el cedro.

El cedro del Líbano era conocido por su fortaleza, tamaño y resistencia. Crecía enfrentando condiciones difíciles y podía permanecer firme durante años.

Eso también es florecer.

Florecer no significa únicamente producir frutos cuando brilla el sol. También significa permanecer de pie cuando llega la tormenta.

Hay temporadas en las que Dios nos permite crecer dando frutos visibles, pero existen otras en las que el crecimiento sucede debajo de la superficie.

Ahí se fortalecen las raíces.

Ahí aprendemos paciencia.

Ahí desarrollamos carácter.

Ahí descubrimos qué tan profunda es nuestra fe.

ANTES DE HACERTE CRECER HACIA ARRIBA, DIOS PUEDE ESTAR FORTALECIENDO AQUELLO QUE NADIE VE ABAJO.

Por eso no midas siempre tu crecimiento por aquello que los demás pueden observar.

Tal vez todavía no llegó esa oportunidad.

Quizá ese proyecto sigue esperando.

Tal vez la respuesta que pediste todavía no aparece.

Eso no significa necesariamente que estés detenido.

Puede haber raíces creciendo.

Y cuando las raíces son profundas, las tormentas dejan de tener el mismo poder.

La promesa dice que el justo florecerá.

No dice que nunca habrá sequía.

No dice que nunca habrá viento.

No dice que jamás enfrentará dificultades.

Dice que florecerá.

Eso significa que las circunstancias no tienen necesariamente la última palabra sobre aquello que Dios puede hacer contigo.

NO LE TENGAS TANTO MIEDO A LA TORMENTA. PREOCÚPATE MÁS POR TENER RAÍCES SUFICIENTEMENTE PROFUNDAS PARA CUANDO LLEGUE.

Hoy sigue creciendo.

Aunque todavía nadie lo note.

Sigue fortaleciendo tu fe.

Sigue trabajando.

Sigue aprendiendo.

Sigue haciendo lo correcto.

Sigue mirando hacia arriba.

La palmera no necesita compararse con el árbol que está junto a ella y el cedro no necesita pedir permiso a la tormenta para mantenerse firme.

Tú tampoco.

ORACIÓN

Señor, quiero crecer como la palmera y permanecer firme como el cedro. Ayúdame a dejar de comparar mi camino con el de los demás y a mantener mis ojos puestos en Ti. Fortalece mis raíces en las temporadas difíciles, dame carácter cuando lleguen las tormentas y paciencia cuando todavía no vea frutos. Que mi crecimiento no dependa solamente de las circunstancias favorables, sino de permanecer cerca de Ti. Haz de mi vida algo firme, fructífero y capaz de reflejar Tu presencia. En el nombre de Jesús. Amén.

QUIZÁ HOY NO VEAS FRUTOS, PERO ESO NO SIGNIFICA QUE NO ESTÉS CRECIENDO. DIOS PUEDE ESTAR FORTALECIENDO TUS RAÍCES PARA QUE, CUANDO LLEGUE TU TIEMPO DE FLORECER, NINGUNA TORMENTA PUEDA ARRANCARTE.

QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.

Otras notas de interés

  • El lugar más seguro es cerca de Dios

  • Lo pequeño también cuenta para Dios

  • Cuando afuera hay tormenta, todavía existe un refugio

  • Cuando la prueba no logra apagar tu fe