“Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.” Mateo 10:42
Vivimos en un mundo que suele medir el valor de las cosas por su tamaño. Admiramos los grandes logros, las grandes cantidades, los grandes proyectos y aquello que consigue llamar la atención de muchas personas.
Pero Jesús nos recuerda hoy algo completamente diferente: Dios también mira aquello que parece pequeño.
Un vaso de agua.
Nada extraordinario. Nada costoso. Nada que probablemente recibiría aplausos. Sin embargo, Jesús decidió utilizar precisamente ese gesto para enseñarnos que ningún acto de amor realizado con un corazón correcto pasa inadvertido delante de Dios.
PARA DIOS, EL VALOR DE UNA ACCIÓN NO SIEMPRE ESTÁ EN SU TAMAÑO, SINO EN EL CORAZÓN CON EL QUE SE REALIZA.
Tal vez pensamos que para ayudar necesitamos tener mucho dinero, una posición importante o grandes recursos. Y claro que quien tiene más posibilidades puede hacer mucho bien con ellas. Pero nunca debemos utilizar lo que todavía no tenemos como excusa para no compartir aquello que ya está en nuestras manos.
Quizá hoy no puedes resolver todos los problemas de alguien, pero puedes escuchar.
Tal vez no puedes pagar una deuda, pero puedes llevar comida.
Quizá no tienes una gran respuesta, pero puedes ofrecer una palabra de ánimo.
Puedes llamar a alguien que está solo.
Puedes abrir una puerta.
Puedes compartir tu tiempo.
Puedes ayudar sin esperar reconocimiento.
Puedes dar, literalmente, un vaso de agua.
NO NECESITAS HACER ALGO EXTRAORDINARIO PARA HACER UNA DIFERENCIA EN LA VIDA DE ALGUIEN.
Muchas de las cosas que más recordamos de otras personas fueron aparentemente pequeñas. Alguien que estuvo presente cuando todos se fueron. Una llamada cuando atravesábamos un momento difícil. Una comida compartida. Un abrazo. Una palabra pronunciada justo cuando pensábamos rendirnos.
Para quien lo hizo quizá fueron cinco minutos.
Para quien lo recibió pudieron significar muchísimo.
Jesús también nos enseña algo acerca de nuestras motivaciones. Podemos hacer cosas buenas buscando reconocimiento, esperando agradecimiento o deseando que otros sepan lo generosos que somos. Pero existe una manera diferente de servir: hacer el bien aunque nadie esté mirando.
Ahí se revela el corazón.
Cuando ayudas y no lo publicas.
Cuando das y no llevas la cuenta.
Cuando sirves a alguien que probablemente nunca podrá devolverte el favor.
Cuando haces lo correcto simplemente porque sabes que es lo correcto.
HAY ACTOS DE AMOR QUE NADIE APLAUDIRÁ EN LA TIERRA, PERO QUE DIOS JAMÁS PASARÁ POR ALTO.
Tal vez hoy Dios no te está pidiendo algo enorme.
Quizá solamente quiere que prestes atención.
Mira a tu alrededor.
Puede haber alguien necesitando justamente aquello que tú sí puedes ofrecer.
No esperes tener mucho para comenzar a dar.
No esperes tener tiempo de sobra para acompañar.
No esperes convertirte en alguien importante para servir.
Empieza con lo que tienes.
Un mensaje.
Una llamada.
Una comida.
Una oración.
Una ayuda.
Un vaso de agua.
Y hazlo con amor.
ORACIÓN
Señor, dame ojos para reconocer las necesidades de quienes están a mi alrededor y un corazón dispuesto a servir. No permitas que piense que solamente las grandes acciones tienen valor. Enséñame a utilizar aquello que ya has puesto en mis manos para hacer el bien. Ayúdame a servir sin buscar reconocimiento, a dar sin esperar recibir y a recordar que incluso el gesto más sencillo puede convertirse en una bendición para alguien. Que mi manera de tratar a los demás refleje el amor que Tú has tenido conmigo. En el nombre de Jesús. Amén.
NO SUBESTIMES EL BIEN QUE PUEDES HACER HOY. A VECES DIOS NO TE PEDIRÁ CAMBIAR EL MUNDO ENTERO; TE PONDRÁ DELANTE A UNA PERSONA Y TE PEDIRÁ QUE LE DES UN VASO DE AGUA.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
