Cuentan que en un pueblo organizaron una carrera para cruzar un río. Dos competidores comenzaron a quedarse rezagados y, al ver que la corriente les complicaba el camino, empezaron a repartir patadas y manotazos por todas partes. Uno gritaba que todavía podía ganar, el otro aseguraba que tenía todo bajo control. Entre los dos levantaron tanta espuma que nadie distinguía si estaban avanzando o simplemente intentando mantenerse a flote. Un viejo pescador, sentado tranquilamente en la orilla, los observó durante varios minutos y soltó: “¡No se hagan pendejos! Una cosa es nadar para ganar y otra muy distinta es patalear para no hundirse”.
Y vaya que las aguas del panismo capitalino andan bastante revueltas. Una reunión convocada para hablar de alianzas electorales terminó entre protestas, pancartas, gritos y reclamos. Lo sabroso llegó después, con esos famosos chismes de lavadero que recorren los pasillos más rápido que cualquier comunicado oficial. Resulta que entre los nombres mencionados aparecen Rafa Loera y César Jáuregui, a quienes algunas versiones atribuyen participación detrás del alboroto. Incluso se habla de antiguos operadores del PRI involucrados en la movilización. ¡Ah, caray! Una reunión de panistas, una protesta con sabor tricolor y dos personajes que terminaron metidos en la conversación. Las versiones todavía no son pruebas, pero vaya que dejaron material para la sobremesa.
Y aquí viene la pregunta que merece escucharse hasta la última fila. ¿Qué habrían dicho Rafa y César si fueran ellos quienes encabezaran las preferencias y otros aspirantes enfrentaran una protesta semejante? ¿Estarían celebrando la manifestación como un ejercicio democrático? ¿Saldrían a defender el derecho de los inconformes? ¿O andarían pegando el grito en el cielo, denunciando una emboscada contra su partido? Nadie puede contestar por ellos, pero sería interesante conocer sus respuestas. ¡No vaya a resultar que la democracia es maravillosa si el escándalo le pega al vecino y una cochinada si el ruido llega a la puerta de uno!
Hay quienes al no conseguir el juguete que quieren se tiran al suelo, patalean y hacen tremendo escándalo. La diferencia es que en la política los berrinches no se hacen en la juguetería… se hacen frente a las cámaras y con pancartas. Aunque todavía falta conocer quién organizó realmente aquella protesta, la comparación viene como anillo al dedo para reflexionar sobre una vieja costumbre: exigir reglas claras para los demás y querer cambiarlas apenas dejan de convenirnos.
Por si las aguas no estuvieran suficientemente agitadas, aparece otra postal. En una cancha deportiva de Chihuahua lucen lonas con la imagen de César Jáuregui y el mensaje “JÁUREGUI SÍ SABE”. ¡Ah, caray! Ahora resulta que hasta las mallas de las canchas sirven para promocionar personajes públicos. Los muchachos van a jugar futbol o basquetbol y se encuentran con una sonrisa política colgada frente a la cancha. ¿Quién autorizó utilizar ese espacio para colocar publicidad personal? ¿Existe permiso y bajo qué condiciones se concedió? La fotografía muestra las lonas; lo que no muestra es la autorización. No estaría nada mal que alguien aclarara el asunto. La cancha es para meter goles, no para andar metiendo aspiraciones a la portería.
Pero volvamos al otro nadador, que tampoco se salva de los chismes. De Rafa Loera se escuchan comentarios relacionados con el famoso hule negro que, según cuentan algunas voces, habría salido de la ferretería de Sahir Rentería. ¿Cuánto salió, para qué se utilizó y quién lo adquirió? Hasta ahora no tenemos elementos para responder esas preguntas ni para atribuir una irregularidad a ninguno de los mencionados. Si el asunto tiene alguna relación con los movimientos políticos que se comentan, sería bueno conocerla. Una cosa es escuchar el chisme en el lavadero y otra encontrarle pies, cabeza y hasta factura.
Entre tanto comentario también aparece una versión que merece una pregunta: ¿Rafa está siguiendo una estrategia propia o sus movimientos terminan coincidiendo con los intereses de César? Hay quienes describen esa relación como la de una marioneta y su titiritero, aunque semejante comparación no demuestra que existan hilos ni quién pudiera estar moviéndolos. Lo cierto es que, en cualquier competencia, cada aspirante tendría que explicar qué representa, qué propone y cuáles son sus decisiones. Nadie debería necesitar que otro le preste la voz para hacerse escuchar.
Tampoco faltan los que, entre café y café, ya imaginan a los dos buscando acomodo en Morena si las cosas no les salen dentro del PAN. Por ahora son especulaciones, no decisiones anunciadas. Pero el comentario abre otra pregunta interesante: ¿qué pesa más en una trayectoria política, la convicción partidista o la búsqueda de la siguiente oportunidad? Y vaya que esa pregunta no es exclusiva de ningún partido. Con tanto cambio de camiseta que hemos visto a lo largo de los años, a veces cuesta trabajo distinguir si estamos viendo una reunión de antiguos adversarios o una reunión de viejos conocidos.
Los chismes de lavadero tienen una curiosa costumbre: empiezan en voz baja, recorren los pasillos y terminan poniendo nervioso a más de uno. Algunos se comprueban y otros se desinflan. La desesperación, eso sí, puede nublar la vista, hacer perder la paciencia y llevar a confundir el escándalo con el respaldo, las patadas con las brazadas y la espuma con la victoria. Y lo más cabrón es que, entre tanto manotazo, cualquiera puede terminar gastando las fuerzas que todavía necesita para llegar a la orilla.
Martillazooo final
Volvamos al río. Los dos competidores seguían repartiendo patadas y manotazos. Uno aseguraba que todavía podía ganar; el otro juraba que estaba preparando su mejor brazada. Los espectadores comenzaron a retirarse, cansados de mirar tanta espuma sin que ninguno se acercara a la meta.
El viejo pescador se levantó, tomó una cuerda y les gritó: —¡A ver, cabrones! ¿Van a cruzar el río o quieren que les eche un salvavidas? Uno respondió que todavía tenía fuerzas, el otro aseguró que ya casi alcanzaba la corriente buena.
El viejo negó con la cabeza y soltó: —¡PUES APÚRENLE, QUE ENTRE LOS DOS YA LE DIERON MÁS PATADAS AL AGUA QUE METROS A LA CARRERA!
¡El que entendió, entendió!… ¡Y LOS DEMÁS, QUE NO CONFUNDAN HACER OLAS CON IR GANANDO… QUE LOS DOS TODAVÍA ANDAN BUSCANDO LA ORILLA!
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!
