Cuentan que en un pueblo había un edificio enorme, de esos que tienen oficinas por todos lados, pasillos interminables, escritorios, archivos, teléfonos que no dejan de sonar y empleados que conocen hasta el último rincón. Un buen día llegó un nuevo encargado. Le entregaron las llaves, le mostraron su oficina, le señalaron el escritorio principal y hasta le ofrecieron un café. Lo normal habría sido sentarse, acomodar sus cosas, conocer al personal y dejar que los días fueran pasando. Al fin y al cabo, apenas acababa de llegar.
Pero aquel hombre hizo algo diferente. Guardó las llaves, dejó el café sobre la mesa y pidió que reunieran a los responsables de cada área. Quería saber quién estaba al frente, cómo se repartía el trabajo, dónde se tomaban las decisiones y qué hacía falta reorganizar. Algunos pensaron que primero se dedicaría a conocer el edificio, otros esperaban que se tomara su tiempo. Sin embargo, antes de terminar el recorrido, ya había comenzado a mover las piezas.
Uno de los empleados, sorprendido por tanto movimiento, se acercó y le preguntó: “Oiga, jefe, ¿no cree que primero debería acomodarse en su oficina?”. El nuevo encargado volteó, sonrió y respondió: “Para sentarme hay tiempo. Primero hay que poner la casa a trabajar”.
AHORA VÁMONOS A CHIHUAHUA… Algo parecido comenzó a suceder en la Fiscalía General del Estado con la llegada de Gilberto Loya Chávez como encargado de despacho. Apenas recibió la responsabilidad y comenzaron los movimientos. No se trató únicamente de cambiar el nombre de quien ocupa la oficina principal. La nueva etapa arrancó con relevos en áreas importantes de la institución, una reorganización del equipo de trabajo y el anuncio de una estrategia que busca conectar mejor la investigación, la inteligencia y la operación policial.
Y vaya que hubo movimiento. Wendy Paola Chávez Villanueva fue designada en la Vicefiscalía General; Omar Tinoco llegó a la Fiscalía Especializada de Control, Análisis y Evaluación; Luis Rico asumió la Dirección de Administración y Daniel Barraza quedó al frente de la Agencia Estatal de Investigación. Cuatro decisiones en espacios donde se manejan asuntos delicados, desde la operación de las investigaciones hasta los recursos, la supervisión y el trabajo de los agentes.
Gilberto Loya recibió las llaves de la Fiscalía y comenzó por reorganizar la casa.
NO LLEGÓ SOLAMENTE A CAMBIAR LOS MUEBLES… Hay algo interesante en estos movimientos. Loya también presentó una ruta de trabajo que contempla fortalecer la investigación científica, aprovechar la inteligencia tecnológica, mejorar la atención a las víctimas, combatir la corrupción, modernizar trámites y reforzar las acciones contra delitos como la extorsión. Además, planteó una mayor coordinación entre la Fiscalía y las instituciones encargadas de la seguridad pública.
Dicho en lenguaje de la raza, la intención es que las distintas áreas dejen de trabajar como oficinas que apenas se saludan por el pasillo y funcionen como partes de una misma maquinaria. Que la información circule, que las investigaciones tengan mejores herramientas y que quienes salen a la calle cuenten con el respaldo de quienes integran los expedientes.
El reto es enorme. La Fiscalía no es cualquier dependencia. Ahí llegan familias buscando a un desaparecido, personas que fueron víctimas de un delito, ciudadanos que esperan recuperar lo que les quitaron y expedientes que necesitan algo más que un sello y una firma. Cada oficina tiene una responsabilidad y cada decisión puede terminar afectando la vida de alguien que ni siquiera conoce al funcionario que la tomó.
Por eso resulta relevante que los primeros anuncios hayan incluido tanto cambios de responsables como una propuesta de reorganización. Una cosa es recibir una institución con toda su estructura; otra es comenzar a definir cómo quieres que trabaje.
LAS PIEZAS YA COMENZARON A MOVERSE… La llegada de Loya también tiene una particularidad. Viene de encabezar la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, una responsabilidad que lo mantuvo relacionado directamente con operativos, inteligencia, coordinación policial y estrategias de seguridad. Ahora pasa a una institución donde las investigaciones deben traducirse en pruebas, expedientes y casos presentados ante los tribunales.
Son trabajos diferentes, aunque están estrechamente relacionados. De poco sirve detener a alguien si después la investigación no reúne los elementos necesarios para sostener una acusación. Tampoco basta con tener información sobre un delito si las instituciones no logran convertirla en una investigación sólida.
Ahí aparece uno de los puntos centrales de la reorganización anunciada: acercar el trabajo policial al trabajo de investigación, sin perder las responsabilidades legales que corresponden a cada institución.
No se trata solamente de mover nombres en un organigrama. Se trata de cómo se pretende conectar el trabajo de quienes tienen en sus manos la procuración de justicia. Y todo comenzó apenas recibió el encargo.
Martillazooo final
Volvamos al edificio de aquel pueblo. Después de recorrer las oficinas, reunir a los responsables y comenzar a reorganizar el trabajo, el nuevo encargado regresó al despacho principal. Sobre el escritorio seguían las llaves que le habían entregado aquella mañana. El café ya estaba frío y alguien había colocado una placa nueva en la puerta.
Uno de los empleados volvió a acercarse. —Jefe, ya quedó lista su oficina. ¿Ahora sí va a sentarse? El hombre miró la placa, tomó las llaves y respondió: —Claro que voy a sentarme. Pero primero quería saber qué había detrás de cada puerta. El empleado sonrió. —Pues sí que empezó moviendo la casa. —Para eso me entregaron las llaves —contestó el encargado.
En Chihuahua, Gilberto Loya acaba de recibir una responsabilidad de enorme tamaño. Sus primeras decisiones ya dejaron movimientos concretos en la estructura de la Fiscalía, nuevos responsables en áreas importantes y una ruta de trabajo anunciada para la institución. Los cambios están sobre la mesa y ahora corresponde llevarlos a la práctica.
Hay funcionarios que reciben un nombramiento y comienzan por acomodar su oficina. Otros arrancan revisando quién está al frente de cada área, qué responsabilidades tendrán sus colaboradores y cómo quieren organizar el trabajo.
Gilberto Loya comenzó por mover las piezas.
Y aquella historia del pueblo nos deja una frase que viene bastante bien para este momento:
LAS LLAVES TE ABREN LA PUERTA, LO QUE HACES AL ENTRAR ES LO QUE CUENTA.
¡El que entendió, entendió!… Y en la fiscalía de Chihuahua las llaves cambiaron de mano, y los muebles ya empezaron a moverse.
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!
