César, el Perro Viejo, el canto de las sirenas… y la traición a Maru Campos

Cuentan que un viejo capitán recibió el mando de un barco que no le pertenecía. La dueña de la embarcación le entregó las llaves, le confió a su tripulación y le pidió una sola cosa: navegar con responsabilidad y no tomar decisiones que pusieran en peligro a todos. El capitán aceptó, juró lealtad y prometió mantenerla informada. Pero cierto día apareció un viejo consejero, de esos que presumen haber recorrido todos los mares y sobrevivido a todas las tormentas. Le hablaba de gloria, de conquistas y de puertos donde lo esperaban grandes recompensas. El capitán comenzó a escucharlo con tanta atención que las advertencias de la dueña del barco parecieron perder importancia. Hasta que una mañana, al descubrir que navegaban directamente hacia unas enormes rocas, un marinero soltó una pregunta que dejó helada a la tripulación: “¡A VER, CABRONES! ¿ESTE BARCO LO MANEJA EL CAPITÁN O EL VIEJO QUE LE ESTÁ CANTANDO AL OÍDO?”.

Y vaya que la historia viene como anillo al dedo para entender lo que está ocurriendo entre César Jáuregui, la gobernadora Maru Campos y ese personaje al que en esta columna conocemos como el Perro Viejo.

La gobernadora habló con Latinus sobre el episodio relacionado con agentes estadounidenses fallecidos en Chihuahua y las decisiones tomadas durante la gestión de Jáuregui al frente de la Fiscalía General del Estado. Sus declaraciones fueron severas. Habló de una caja de Pandora, señaló que se había actuado por la libre y dejó una frase que abrió una discusión sobre la confianza depositada en su entonces fiscal: “Eso no se puede perdonar”.

Hay un asunto que trasciende los expedientes. Maru Campos fue quien confió en Jáuregui para dirigir una institución fundamental del estado. Lo respaldó políticamente y le entregó una responsabilidad que exigía coordinación, comunicación y decisiones de enorme trascendencia. Por eso sus palabras merecen atención. ¿Qué ocurrió para que la propia gobernadora terminara cuestionando públicamente la forma en que actuó uno de sus colaboradores más importantes? ¿Se trató de una diferencia sobre procedimientos, de una ruptura de confianza o de algo que políticamente puede interpretarse como una traición?

Cuando apenas comenzaba a discutirse lo dicho por Maru, apareció César con su respuesta. “No me van a doblar”, declaró. También sostuvo que volvería a tomar la decisión de intervenir contra el narcolaboratorio, pero no dijo si volvería a “invitar” a la CIA, ¡PUES QUE CARAY!, dijo solo lo que le conviene, y que lo verdaderamente imperdonable habría sido actuar con tibieza frente al crimen organizado. Una defensa de su actuación que tiene derecho a expresar y que debe examinarse junto con los hechos. Pero aquí surge una diferencia que no puede perderse entre tantas declaraciones: Maru cuestionó que se actuara por la libre; César defendió la decisión de actuar. Son dos asuntos relacionados, aunque no idénticos.

¿La gobernadora estaba reclamando que no se combatiera al crimen organizado? No es eso lo que expresan sus señalamientos. Su reproche público se dirigió a la manera en que se tomaron determinadas decisiones y a la falta de información hacia su gobierno. Por eso la respuesta de Jáuregui deja preguntas pendientes. ¿Quién autorizó cada intervención? ¿Qué sabía la gobernadora? ¿Qué información recibió y en qué momento? ¿Qué parte de la actuación corresponde a decisiones del entonces fiscal y cuál a otras autoridades? Ésas son las respuestas que permitirían entender el fondo del conflicto, más allá de las frases pronunciadas frente a las cámaras.

Y aquí entra el segundo capítulo de esta historia: el Perro Viejo.

Según información conocida por esta columna, el consejero, asesor, habla quedito, o como sea que se le diga, que permanece cercano a César no es bien visto en las altas esferas de Palacio. No se trata, dentro de esta lectura, de una simple antipatía personal. Su presencia forma parte de las tensiones que rodean al exfiscal y de las preguntas sobre el rumbo que está tomando su proyecto político. ¿César desconoce el rechazo que provoca su asesor o lo conoce y ha decidido mantenerlo a su lado? ¿Qué pesa más para él, esa relación de confianza con el Perro Viejo o la necesidad de reconstruir puentes con quienes anteriormente lo respaldaron?

Hay otro detalle. El tono de la respuesta pública de César, con frases como “No me van a doblar”, recuerda, para quienes conocen al Perro Viejo, una manera de enfrentar los conflictos: responder con firmeza, elevar el tono y no mostrar disposición a retroceder. Eso abre una pregunta legítima: ¿Qué influencia está teniendo ese círculo de consejos en la manera en que Jáuregui administra su ruptura con la gobernadora?

Aquí cabe otra pregunta todavía más incómoda. ¿No habrá alguien capaz de sentarse frente a César y preguntarle si mantener esa cercanía con el PV le está costando más de lo que le aporta? No para decidir por él con quién debe reunirse o a quién debe escuchar, sino para obligarlo a mirar de frente las consecuencias de sus propias decisiones. Los asesores aconsejan; los dirigentes responden. Los consejeros pueden cambiar de barco, de capitán y hasta de puerto. Quien firma las decisiones y pronuncia los discursos no puede después atribuirle todo al hombre que le hablaba al oído.

Las viejas historias de marineros cuentan que las sirenas poseían un canto tan hermoso que los navegantes olvidaban el rumbo y terminaban acercándose a las rocas. No los empujaban. No les arrebataban el timón. Simplemente cantaban y ofrecían aquello que cada capitán deseaba escuchar. El peligro no estaba solamente en la melodía, sino en la decisión de abandonar las advertencias para seguirla.

En esta historia, la palabra traición tiene un peso que obliga a distinguir las cosas. Una cosa es que una gobernadora cuestione públicamente decisiones tomadas durante la gestión de un funcionario al que otorgó su confianza. Otra es que ese exfuncionario conserve a un asesor rechazado por sectores de Palacio. Ambas situaciones pueden alimentar una interpretación de ruptura y deslealtad política, pero no prueban por sí mismas una intención deliberada de traicionar. Lo que sí corresponde preguntarle a César es cómo entiende hoy la lealtad institucional, qué explicación ofrece sobre las decisiones cuestionadas y qué papel reconoce a sus asesores en el rumbo que ha elegido.

La gobernadora ya expresó su posición. César también comenzó a expresar la suya. Quedan por conocerse las conclusiones de las investigaciones, las explicaciones sobre la coordinación institucional y el verdadero alcance de esta fractura política. Y en medio de todo ello permanece la figura del Perro Viejo, cuya cercanía con el exfiscal continúa generando preguntas.

¿Qué mantiene unidos al capitán y al consejero? ¿Gratitud, confianza, coincidencia política o la convicción de que juntos encontrarán un puerto mejor? ¡O tal vez en Chihuahua no haya quien dé el ancho y César agarro lo que pudo? Solamente ellos pueden responderlo. Lo que nadie debería olvidar es que el futuro político de César no lo decidirá una fábula, ni una frase desafiante, ni siquiera el consejo más insistente. Dependerá de sus actos y de las respuestas que sea capaz de ofrecer.

Martillazooo final

Volvamos al barco. Las olas golpeaban con fuerza, las rocas estaban cada vez más cerca y la tripulación discutía desesperadamente qué hacer. El viejo consejero seguía junto al capitán, hablándole de una ruta que, según él, terminaría en un puerto lleno de gloria.

—¡Capitán, hay que cambiar de rumbo! —gritó un marinero. —El viejo asegura que vamos bien —respondió. —¿Y la dueña del barco? —Ella no entiende esta ruta.

El marinero miró al viejo consejero y le preguntó: —¿Usted está seguro de que no vamos a estrellarnos? El viejo sonrió. —Yo solamente le digo lo que pienso. La decisión es del capitán. Entonces el marinero volteó hacia quien sostenía el timón y soltó: —¡AH, CHINGÁ! ¡QUÉ BONITO NEGOCIO! ¡EL VIEJO PONE LA MÚSICA, USTED BAILA Y, SI EL BARCO SE ESTRELLA, ¡TODOS TERMINAMOS EN EL AGUA!

¡El que entendió, entendió!… Y los demás que digan ¡QUE EL CANTO DE LAS SIRENAS PODRÁ SER MUY BONITO, PERO EL CAPITÁN ES QUIEN DECIDE SI SIGUE LA MÚSICA O SALVA EL BARCO!

MARTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!

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