“Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío.”
Ezequiel 37:13
Hay momentos en la vida en los que algo parece definitivamente terminado.
Un sueño que murió.
Una esperanza que se apagó.
Una relación con Dios que se enfrió.
Un proyecto que no salió como esperábamos.
Una etapa en la que perdimos las ganas de seguir adelante.
Y después de cierto tiempo comenzamos a pensar:
“Ya no hay nada que hacer.”
Pero Ezequiel 37 nos lleva precisamente al lugar donde humanamente ya no había nada que hacer.
Un valle lleno de huesos secos.
No había enfermos esperando recuperarse. Había huesos. Y además, la Escritura dice que estaban secos en gran manera.
Era la imagen perfecta de aquello que parecía no tener futuro.
Entonces habló Dios.
Y donde todos habrían visto muerte, Dios vio la posibilidad de vida.
Esta es una de las grandes enseñanzas para comenzar nuestro día:
DIOS NO NECESITA QUE LAS CIRCUNSTANCIAS PAREZCAN FAVORABLES PARA COMENZAR A OBRAR.
Nosotros vemos lo que existe.
Dios también ve lo que puede llegar a existir cuando Él interviene.
Quizá hoy hay algo en tu vida que se parece a ese valle.
Has orado y nada cambia.
Has esperado y no llega la respuesta.
Has intentado levantarte y vuelves a sentirte cansado.
Pero no confundas una temporada difícil con el final de la historia.
Dios dice:
“ABRA VUESTROS SEPULCROS, Y OS SAQUE DE VUESTRAS SEPULTURAS.”
Hay lugares de los que nosotros no podemos salir únicamente con nuestras propias fuerzas.
Necesitamos que Dios intervenga.
Y cuando Él lo hace, también ocurre aquello que anuncia este versículo:
“Y SABRÉIS QUE YO SOY JEHOVÁ.”
Hay experiencias que terminan enseñándonos quién es Dios de una manera que ningún discurso podría enseñarnos.
Una cosa es escuchar que Dios restaura.
Otra es ser restaurado.
Una cosa es leer que Dios levanta.
Otra es recordar el día en que nos levantó a nosotros.
Una cosa es saber que Dios puede dar vida.
Otra es mirar hacia atrás y reconocer:
“Yo también estuve en ese valle… y Dios me sacó.”
Quizá aquello que estás viviendo hoy termine convirtiéndose mañana en uno de los testimonios más grandes de tu vida.
Por eso no entierres definitivamente aquello sobre lo que Dios todavía no ha pronunciado la última palabra.
Sigue orando.
Sigue creyendo.
Sigue haciendo tu parte.
Y cuando tus fuerzas no alcancen, recuerda que nuestra esperanza no está solamente en lo que nosotros podemos hacer.
NUESTRA ESPERANZA ESTÁ EN EL DIOS QUE TODAVÍA PUEDE HACER VIVIR LOS HUESOS SECOS.
Oración
Señor, hoy pongo delante de Ti aquellas áreas de mi vida donde parece haberse perdido la esperanza. Tú conoces mis cansancios, mis heridas, mis sueños y aquello que humanamente parece imposible restaurar. Sopla nuevamente vida sobre mi corazón. Levanta mi fe, renueva mis fuerzas y ayúdame a confiar cuando mis ojos solamente vean huesos secos. Quiero conocerte no únicamente por lo que he escuchado de Ti, sino por experimentar Tu poder y Tu presencia en mi vida. En el nombre de Jesús. Amén.
DONDE NOSOTROS VEMOS HUESOS SECOS, DIOS TODAVÍA PUEDE VER UN EJÉRCITO DE PIE.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
