Dicen que en un pueblo lejano vivía un sheriff bastante conocido. Tenía placa, uniforme, oficina, sello oficial, documentos con membrete, una página donde publicaba sus avisos, hasta un escudo que cualquiera reconocía desde lejos. También tenía algo que tienen casi todos los que ocupan el poder: gente que se burlaba de él.
Un día alguien lo dibujó con orejas de burro, otro le puso una panza enorme, uno más hizo una caricatura donde aparecía montado en un puerco persiguiendo delincuentes.
El sheriff se encabronaba, los habitantes se reían. Así funcionaba el pueblo.
Hasta que una mañana apareció un cabrón mucho más creativo. Copió la placa del sheriff, copió sus documentos, copió el sello, copió el escudo. Preparó un anuncio idéntico a los que emitía la autoridad, comenzó a visitar casas diciendo que venía enviado por el gobierno.
—Nuevo trámite obligatorio, son quinientos pesos.
La gente veía el sello, veía la placa, veía el documento, y pagaba.
El tipo no estaba haciendo una caricatura del sheriff, se estaba haciendo pasar por el sheriff.
Cuando finalmente lo descubrieron, las autoridades anunciaron que habría castigos para quien utilizara la identidad oficial para engañar a la gente con intención de cometer un delito.
Al día siguiente ocurrió algo maravilloso: El hombre que dibujaba las orejas de burro guardó sus lápices, el que hacía caricaturas borró sus dibujos, el del puerco desapareció su publicación, hasta el borrachito de la cantina dejó de contar chistes sobre el sheriff.
—¿Qué chingados les pasa? —preguntó un viejo. —¡Que ahora nos pueden meter al bote por burlarnos del sheriff! El viejo levantó una ceja. —¿Quién les dijo semejante pendejada? —Dicen que salió una ley. —¿La leyeron? Silencio. Nadie la había leído. Pero todos habían leído el encabezado que decía: “LEY ANTIMEMES”.
ALGO PARECIDO NOS ACABA DE PASAR. Bastaron dos palabras para que comenzara el desmadre: Ley Antimemes.
Después llegaron los titulares, publicaciones, videos, interpretaciones, memes sobre la ley que supuestamente acabaría con los memes. Cinco años de cárcel. Multas. Censura.
“Ya no podrás burlarte del gobierno.” “Van a encarcelarte por hacer una imagen.” Tranquilos. No funciona así.
El texto aprobado por el Senado este 30 de septiembre contempla penas de uno a cinco años de prisión y multas para determinados usos, a escala comercial, de identidad gráfica institucional, dominios electrónicos o documentos oficiales destinados a provocar error o engaño sobre su origen oficial con intención de cometer un ilícito.
En lenguaje de la raza: Hacer una caricatura de un político no es automáticamente delito, hacer un meme del gobierno no es automáticamente delito, ponerle orejas de burro a un funcionario no significa cinco años de cárcel, crear una sátira política no significa que mañana llegarán por ti.
Otra cosa muy diferente sería fabricar algo para hacerlo pasar deliberadamente por auténticamente oficial dentro de una conducta ilícita.
Ahí regresamos al sheriff. Una cosa es burlarte de él, otra es hacerte pasar por él. Parece bastante sencillo. Entonces…
¡PEROOOO!
Aquí está la parte que sí merece que levantemos la ceja. Estamos hablando de una norma penal, no de un reglamento para estacionarse. Hay cárcel de por medio.
Cuando una ley toca terrenos cercanos a la expresión pública, la sátira, el periodismo o la utilización de símbolos institucionales, la claridad no debería ser opcional.
No basta con que quien redactó la ley nos diga: —No se preocupen, jamás la utilizaremos contra una caricatura. Qué bueno. Pero los gobiernos cambian, los fiscales cambian, los jueces cambian, las interpretaciones cambian. La ley se queda.
Por eso la verdadera discusión no debería ser si mañana van a encarcelar a Juanito por ponerle bigotes a la fotografía de un diputado. La pregunta importante es otra: ¿Quedaron suficientemente claros los límites para que pasado mañana nadie pueda intentar estirar esa ley hasta donde nunca debió llegar?
Ése es el “peroooo”. No necesitamos entrar en pánico, tampoco necesitamos hacernos pendejos.
LA DIFERENCIA ESTÁ EN ALGO MUY SENCILLO: Si mañana publicamos una imagen satírica donde un político aparece sentado sobre una montaña de billetes, vestido de Batman, cargando un costal gigantesco… la intención resulta evidente. Queremos que entiendas una sátira. Puedes considerarla buena, puedes pensar que está de la chingada.
El político puede encabronarse, también tiene derecho. Pero nadie razonable debería verla pensando: “Seguramente éste es un comunicado auténtico del Gobierno.”
Ahora cambia la escena: Alguien reproduce una página oficial, mismos logotipos, mismos sellos, mismo diseño. Hace aparecer un supuesto programa gubernamental. “Deposita 500 pesos para obtener tu apoyo.” La gente cree que realmente está tratando con el gobierno, deposita, y la chingan.
Eso no es sátira, eso es exactamente lo que debemos aprender a distinguir.
El problema nunca debería ser que utilizaste humor para hacer quedar mal al poderoso, el problema aparece cuando utilizas una identidad institucional para hacer creer deliberadamente que eres quien no eres dentro de una conducta ilícita.
Uno busca una carcajada, el otro busca una víctima. Eh ahí toda la diferencia.
Martillazooo final
Pasaron algunas semanas en aquel pueblo. El caricaturista volvió a sacar sus lápices y dibujó nuevamente al sheriff. Esta vez le puso unas orejas todavía más grandes. El sheriff vio la caricatura y se encabronó. El pueblo se cagó de risa.
Más tarde apareció otro hombre con una placa falsa, documentos falsos, sello falso. Tocó una puerta. —Vengo de parte del sheriff. Tiene que entregarme dinero. El viejo del pueblo abrió, miró la placa, miró los documentos, después volteó hacia la caricatura que tenía pegada en la pared. Finalmente entendió. Uno utilizaba al sheriff para hacer reír, el otro utilizaba al sheriff para engañar. No era tan complicado.
Pero antes de cerrar la puerta, el viejo hizo una última pregunta: —¿Quién me garantiza que algún día no llegue otro sheriff al que no le guste que le dibujen orejas? Nadie contestó.
No, no guardes los memes. No borres las caricaturas. No entierres la sátira. No van a meterte automáticamente al bote por burlarte del gobierno.
¡Peroooo!… cuando una ley contempla cárcel y puede rozar terrenos relacionados con la expresión pública, no basta con que nos prometan que nunca será utilizada contra quien solamente está haciendo carrilla. Esto debe quedar tan claro que ni siquiera dependa de quién esté sentado en Palacio mañana.
Persigan al que engaña. Castiguen al que suplanta. Vayan contra quien utiliza la apariencia del gobierno para cometer un ilícito. Pero al ciudadano que se ríe del sheriff…déjenlo reír.
Al poder no solamente hay que exigirle que sepa gobernar, también hay que exigirle algo mucho más difícil: QUE SEPA AGUANTAR CARRILLA.
¡El que entendió, entendió!… Y recuerden que no es lo mismo hacer quedar al sheriff como pendejo… que hacer pendejo al pueblo usando la placa del sheriff.
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!
