¡Juárez bajo el agua… Y las promesas siguen flotando!

Cuentan que en un pueblo había un alcalde muy bueno para echar discursos. Cada temporada de lluvias prometía construir un canal para evitar que el agua se metiera a las casas.

—¡Ahora sí vamos a resolver este problema de una vez por todas! —gritaba desde la plaza.

Los vecinos aplaudían, el secretario tomaba fotografías, el encargado de prensa preparaba el boletín. Todos muy contentos.

Pasó un año, luego otro, después otro más, y del famoso canal, ni sus luces. Una noche cayó un aguacero de esos que parecen mandados con dedicatoria. Las calles se volvieron ríos, los carros parecían lanchas, las casas terminaron llenas de lodo. Al día siguiente apareció el alcalde, bien peinadito, con botas nuevas, chaleco impecable, rodeado de funcionarios, fotógrafos y uno que otro aplaudidor.

—¡Estamos aquí para atender personalmente la emergencia! —anunció muy solemne. Un viejo campesino, que llevaba horas sacando lodo de su casa, levantó la cabeza. —Oiga, señor alcalde, ¿qué pasó con aquel canal que nos prometió? —¡Estamos trabajando en el proyecto! —¿Desde cuándo? —¡Estamos gestionando los recursos! —¿Desde cuándo? —¡Estamos haciendo todo lo posible!

El viejo soltó la pala, se acomodó el sombrero y le dijo: —¡PUES YA DEJE DE HACER TODO LO POSIBLE Y HAGA ALGO, COMPADRE, QUE AQUÍ NOS ESTAMOS AHOGANDO!

El secretario brincó de inmediato: —¡Oiga, respete! ¡El alcalde vino personalmente a supervisar los daños! —¡Ah, caray! —respondió el campesino—. ¿Entonces tenemos que esperar a que se nos inunde la casa para que se acuerden de que existimos?

El fotógrafo pidió que se acercaran para tomar la imagen oficial. —¡Sonría, señor alcalde! El viejo volteó, miró las botas limpias del funcionario, luego sus propios zapatos llenos de lodo.

—¡TÓMELE LA FOTO DE UNA VEZ, JOVEN! ¡NOMÁS NO VAYA A PONER EN EL BOLETÍN QUE EL ALCALDE VINO A INAUGURAR EL RÍO!

Hasta el secretario soltó la carcajada. El alcalde, medio colorado, quiso salir del apuro: —¡Pronto tendremos una solución definitiva! El campesino volvió a agarrar la pala. —¡ESO MISMO DIJO LA VEZ PASADA! ¡NOMÁS QUE USTED CADA AÑO ESTRENA PROMESA Y NOSOTROS CADA AÑO ESTRENAMOS INUNDACIÓN! Hasta aquí la fábula.

Ahora vámonos a Ciudad Juárez, donde las lluvias del pasado fin de semana dejaron un desmadre de los buenos. Calles convertidas en ríos, carros arrastrados por la corriente, socavones, viviendas afectadas, familias pasando las de Caín.

No estamos hablando de un charquito frente a la tienda. Hubo gente que necesitó ser rescatada. Ahí estuvieron bomberos, Protección Civil y demás cuerpos de emergencia partiéndose el lomo mientras el agua hacía de las suyas.

El asunto es que Juárez no se inundó por primera vez. Los problemas de drenaje pluvial, arroyos y zonas de riesgo llevan años dando lata. Cada tormenta fuerte vuelve a recordarles a los juarenses lo caro que sale vivir en una ciudad con pendientes de infraestructura.

Aquí entra Cruz Pérez Cuéllar. Nadie le está pidiendo al presidente municipal con licencia, que se suba al techo de la Presidencia a espantar las nubes. ¡Tampoco se trata de echarle la culpa de cada gota que cayó! La pregunta es mucho más sencilla: ¿QUÉ HA HECHO SU ADMINISTRACIÓN PARA QUE LOS MISMOS SECTORES NO SIGAN PASANDO POR ESTOS SUSTOS?

El propio municipio habla de obras millonarias para atender las cuencas con riesgo de inundación. Se necesitan más de mil quinientos millones de pesos, según lo informado. ¡Ah, caray! estamos hablando de una lana bastante seria.

Sería bueno conocer cuánto se ha invertido durante estas dos administraciones, qué obras ya se entregaron, cuáles siguen pendientes, qué colonias se beneficiaron y cuándo se piensa atender a las que todavía viven con el Jesús en la boca cada vez que truena el cielo.

No basta con decir que se necesitan millones. Hay que enseñar qué se ha hecho con los recursos disponibles. Tampoco sería justo asegurar que no se ha movido un dedo. El municipio sostiene que algunas obras han ayudado a disminuir afectaciones, perfecto, que enseñen cuáles son, cuánto costaron, dónde están y qué resultados dieron. ¡LAS CUENTAS CLARAS, QUE EL AGUA TURBIA YA LA PUSO LA LLUVIA!

Desde la oposición también empezaron los reclamos, nada raro por supuesto. En cuanto aparece una bronca de este tamaño, salen los políticos a buscar culpables, cámaras y micrófonos. Si tienen pruebas de obras abandonadas, presupuestos mal utilizados o compromisos incumplidos, que las saquen. De poco sirve cambiar los recorridos oficiales por pleitos partidistas.

La raza de Juárez no necesita ver quién grita más fuerte, necesita saber cuándo van a disminuir los riesgos en sus colonias. Las lluvias intensas pueden rebasar incluso obras bien planeadas. Eso es cierto. También es cierto que la prevención, el mantenimiento y la infraestructura adecuada pueden marcar una diferencia enorme.

De ahí sale la pregunta que deberían responder quienes han gobernado Juárez, no solamente los que hoy ocupan la Presidencia Municipal: ¿CUÁNTOS AGUACEROS MÁS HACEN FALTA PARA QUE LAS OBRAS PLUVIALES DEJEN DE SER UNA PROMESA Y SE CONVIERTAN EN UNA PRIORIDAD?

Las emergencias se atienden cuando ocurren, las tragedias se intentan evitar desde mucho antes.

A Cruz Pérez Cuéllar le toca explicar qué avances hay bajo su responsabilidad. A las administraciones anteriores les corresponde su parte de la historia. A quienes buscan sacar ventaja política del desastre, presentar pruebas en lugar de puro discurso. Al ciudadano le toca exigir resultados, sin importar el color de la camiseta.

Martillazooo final

En Juárez no faltan fotografías de funcionarios recorriendo los charcos, que digo charcos, los canales, lo que hace falta es saber cuantas obras se han hecho para que la próxima lluvia no vuelva a convertir las calles en ríos.

¡Menos botas nuevas para la foto, más obras para la raza!

¡El que entendió, entendió!… y los demás que vayan consiguiendo su chaleco salva vidas para cuando llegue el siguiente aguacero.

MARTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!

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