El asesor, el aspirante y la dinamita… ¡Tú dale, todavía queda mecha! Tssssssss

Cuentan que en un pueblo había varios hombres empeñados en llegar a la cima de una montaña, todos querían llegar primero, unos corrían, otros gritaban, algunos empujaban y no faltaba el que volteaba para todos lados nomás para ver quién lo venía alcanzando.

La dueña del camino los observaba desde lejos, los dejó correr, los dejó hacer ruido, los dejó presumir músculo. Hasta permitió que algunos se sintieran más cerca de la cima de lo que realmente estaban. Eso sí, antes de comenzar les dejó una advertencia bastante clara: Corran todo lo que quieran, yo sabré hasta dónde. Unos entendieron, otros se hicieron como que no escucharon.

Nunca falta el que trae a un asesor estrella pegado al oído. Uno de los corredores llevaba precisamente uno de esos, un viejo conocedor de caminos que presumía haber subido muchas montañas, conocer todos los atajos y saber hasta por dónde soplaba el viento antes de que se movieran los árboles.

—¿Seguimos? —preguntó el aspirante. —¡Tú dale! Caminaron otro trecho.

—Oiga, como que ya nos dijeron que le bajáramos dos rayitas. —¡Tú dale! Eso se dice para asustar.

Siguieron avanzando hasta encontrar algo tirado en medio del camino, era un cartucho de dinamita y tenía la mecha encendida.

Tssssssssssss…

El aspirante se quedó mirándolo. —¿Y esto? El asesor lo levantó, se lo puso en la mano y respondió: —Una oportunidad. —¿Está seguro? —¡Completamente! Y siguieron caminando.

Tssssssssss…

Desde arriba volvió a escucharse la advertencia. —¡Hasta ahí! El aspirante volteó preocupado. —Oiga… como que esta vez sí lo dijeron en serio. El asesor soltó una carcajada. —¡Tú tranquilo! Todavía queda mecha.

Tssssssss…

Caminaron otro poco. —Oiga… cada vez está más cortita. —Es percepción.

Tssssss…

—¿Y ese humo? —Son los adversarios. Tú sigue recorriendo.

Tssss…

—¿Y ese olor? —Guerra sucia. —¿Y si mejor soltamos la dinamita? El viejo experto volvió a sonreír. —Para eso me pagas. Tú confía.

Y ahí estaba el hombre, corriendo montaña arriba, con la dinamita encendida en una mano y los consejos del experto en la otra.

Lo curioso es que todos alrededor podían ver lo mismo: La mecha se estaba terminando. Todos, menos los dos que la llevaban cargando.

Algo parecido ocurre muchas veces en política, hoy en el PAN de Chihuahua sobran aspirantes, movimientos, reuniones, recorridos, fotografías, operadores y uno que otro que ya hasta camina como candidato sin serlo todavía. Andan alborotados y eso es natural. Se acerca el 2027 y cada uno quiere enseñar con qué juega. Unos buscan la Presidencia Municipal de Chihuahua, otros tienen aspiraciones distintas, cada cual mueve sus fichas y trata de ganar terreno.

Pero ¡cuidado!, hay algo que algunos parecen estar olvidando: Que los hayan dejado correr no significa que les hayan regalado la montaña, mucho menos que nadie esté viendo el reloj.

Maru Campos conoce perfectamente a su partido, conoce a sus jugadores y, sobre todo, conoce los tiempos. Podrán hacer ruido, recorrer colonias, organizar reuniones, tomarse fotografías y medir fuerzas, ya llegará el momento de poner orden. Cuando esto suceda, más de uno descubrirá la diferencia entre andar suelto y mandar.

La propia gobernadora ha mandado señales, en “la polaca”, como decía la abuela: Sobre aviso no hay engaño, otodavía más claro: El que avisa no es traidor. Después nadie podrá salir diciendo que no sabía.

El problema empieza con aquellos que escuchan el mensaje y creen que no era para ellos. Les entra por un oído y les sale por el otro. Quizá el ego hace mucho ruido, o quizá tienen demasiado cerca al clásico asesor que siempre encuentra la manera de convertir una mala noticia en una extraordinaria estrategia. Ese que jamás dice: —Ya párale. Siempre dice: —¡Tú dale!. Si bajas en las mediciones, es culpa de la encuesta. Si no conectas, es culpa de la comunicación. Si te mandan una señal, es para otro. Si te advierten, están nerviosos. Si la mecha se acorta, “Es percepción”.

¡Qué maravilla de asesor! Con uno de esos cualquiera puede llegar lejísimos. El problema es precisar hacia dónde. Recordemos que hay asesores que cobran por decir la verdad, aunque duela, y hay otros que parecen especialistas en decir exactamente lo que el aspirante quiere escuchar.

Un buen asesor ve la dinamita y te dice: —¡Suéltala!  El otro la ve, calcula cuánto falta para el tronido y todavía te anima: —¡Tú dale, todavía queda mecha!

Luego vienen las sorpresas, las caras largas, los reclamos, los “nadie me avisó”, los “yo pensé”, los “me dijeron”, los “según nuestras mediciones”. Y finalmente… “Hasta por piernas”. No por falta de avisos, por exceso de confianza.

Hay una enorme diferencia entre perseverancia y terquedad. La primera puede llevarte a la cima, la segunda puede hacerte llegar cargando algo que debiste soltar kilómetros atrás. En “la polaca”, como en aquella montaña, llega un punto donde ya no importa cuánto hayas corrido, importa saber qué demonios traes en la mano.

Martillazooo final

Maru puede dejarlos correr, puede dejarlos medir fuerzas, puede dejarlos levantar la mano, puede incluso observar desde lejos cómo algunos se sienten dueños de una candidatura que todavía nadie les ha entregado.

Ya llegará el momento del: “Hasta aquí.” Ese día veremos quién entendió las señales, quién supo leer los tiempos y quién prefirió escuchar al asesor que llevaba meses diciéndole: —¡Tú dale!.

Sobre aviso no hay engaño, el que avisa no es traidor. Después que nadie diga que no escuchó el tssssssssssss.

¡El que entendió, entendió! Los demás que sigan corriendo con la dinamita en la mano, total, el asesor dice que todavía queda mecha.

MARTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!

Otras notas de interés

  • ¿Y si sí?… El examen del frasquito, ¡Sí o SÍ!

  • ¡Antidoping para todos!

  • El barco y el viento

  • El banquete del que quería ser rey