30
Sep
Imagine una elección en la que las urnas abren con normalidad. Hay representantes de partidos, funcionarios de casilla, boletas, tinta indeleble, ciudadanos formados desde temprano. Todo parece democrático. Hasta que deja de serlo. En algunas comunidades comienzan las amenazas, en otras aparece dinero de procedencia criminal. Un operador recibe una llamada que entiende perfectamente, otro decide que ese día es mejor no movilizar gente. Un candidato contrario descubre que hacer campaña en determinadas zonas ya no resulta conveniente. Algunos ciudadanos reciben el mensaje sin necesidad de que nadie se los explique dos veces. “Aquí se vota por éste.” Ahora agreguemos…
