Cuando estás herido, Dios no termina de quebrarte

“No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare.” Isaías 42:3

Hay días en los que uno simplemente no está bien. Seguimos caminando, trabajando, hablando con los demás y cumpliendo nuestras responsabilidades, pero por dentro sabemos que algo está lastimado. La fuerza no es la misma, el ánimo disminuye y hasta aquello que antes nos entusiasmaba parece haber perdido intensidad.

Isaías utiliza dos imágenes extraordinarias para describir esos momentos: una caña cascada y un pábilo que apenas humea. Ninguno está completamente destruido, pero ambos están muy cerca de parecer inútiles. La caña sigue en pie, aunque doblada y lastimada. El pábilo conserva algo de vida, aunque su llama casi ha desaparecido.

Y precisamente ahí aparece la ternura de Dios.

DIOS NO DESECHA LO QUE ESTÁ LASTIMADO.

Jesús no mira nuestras heridas como nosotros las miramos. Nosotros podemos pensar que ya no servimos, que perdimos nuestra oportunidad, que nuestra fe se debilitó demasiado o que aquello que alguna vez ardía dentro de nosotros prácticamente se apagó. Él, en cambio, todavía puede ver vida donde nosotros solamente vemos humo.

Quizá hoy te sientes como esa caña cascada. Algo te golpeó. Una decepción, una pérdida, una traición, una preocupación, una mala decisión o simplemente el cansancio acumulado de tantas batallas. Sigues de pie, sí, pero sabes perfectamente que estás herido.

Dios no viene a darte el golpe que falta para terminar de quebrarte. Viene a sostenerte.

Tal vez te identificas más con ese pábilo que apenas humea. Hubo un tiempo en que tu fe parecía una llama encendida. Orabas con entusiasmo, tenías proyectos, soñabas, confiabas y avanzabas. Hoy apenas queda una pequeña señal de aquella fuerza.

No la desprecies.

SI TODAVÍA HAY HUMO, TODAVÍA PUEDE VOLVER A HABER FUEGO.

Dios sabe trabajar con aquello que otros considerarían perdido. No necesita encontrarte fuerte para acercarse a ti. No tienes que fingir que todo está bien para presentarte delante de Él. Puedes llegar cansado, confundido, lastimado y hasta con una fe pequeña. Su misericordia no depende de que llegues entero.

Hay personas que cuando nos ven débiles se alejan. Algunas juzgan, otras señalan y otras terminan de golpear precisamente donde saben que estamos heridos. Dios es diferente. Él conoce exactamente dónde está la fractura y también sabe cómo tocarla sin destruirnos.

Por eso hoy no te condenes por estar cansado. No confundas debilidad con derrota. No declares terminado aquello que Dios todavía está restaurando. Quizá hoy no necesitas correr, solamente permanecer. Quizá no necesitas tener todas las respuestas, solamente confiar. Quizá tu oración apenas puede pronunciar unas cuantas palabras.

Son suficientes para comenzar.

DIOS NO TE PIDE QUE FINJAS ESTAR FUERTE; TE INVITA A DEJAR QUE ÉL TE FORTALEZCA.

Y llegará el momento en que esa caña vuelva a levantarse y aquella pequeña brasa vuelva a convertirse en llama. Entonces entenderás que incluso durante tus días más frágiles hubo una mano que nunca dejó de sostenerte.

ORACIÓN

Señor, Tú conoces mis heridas, mi cansancio y aquellas partes de mi vida que hoy parecen estar a punto de quebrarse. Gracias porque no me rechazas cuando estoy débil ni apagas la poca llama que todavía queda dentro de mí. Sostén lo que está herido, fortalece mi corazón y enciende nuevamente mi fe. Ayúdame a recordar que mientras permanezca en Tus manos todavía hay esperanza. Hazme volver a brillar para Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

NO TODO LO QUE ESTÁ HERIDO ESTÁ PERDIDO, NI TODO LO QUE APENAS HUMEA ESTÁ APAGADO. EN LAS MANOS DE DIOS, TODAVÍA PUEDE VOLVER A LEVANTARSE Y A BRILLAR.

QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.

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