“Y su alma será como huerto de riego.”
Jeremías 31:12
Hay temporadas en las que por fuera seguimos funcionando, pero por dentro comenzamos a secarnos.
Trabajamos, cumplimos, resolvemos problemas, atendemos responsabilidades y continuamos caminando. Sin embargo, el alma también se cansa. También necesita alimento. También necesita agua.
La Palabra de hoy nos regala una imagen hermosa:
“SU ALMA SERÁ COMO HUERTO DE RIEGO.”
Un huerto bien cuidado tiene vida.
Florece.
Crece.
Produce fruto.
Resiste el calor.
Pero existe algo indispensable: necesita agua.
Lo mismo sucede con nosotros.
Podemos tener capacidad, experiencia, proyectos, sueños y muchas ganas de salir adelante, pero si descuidamos nuestra relación con Dios, poco a poco comenzamos a marchitarnos por dentro.
Por eso no basta con alimentar el cuerpo y la mente. También tenemos que alimentar el alma.
Y Dios quiere hacerlo.
Él trabaja en nuestra vida como quien cuida cuidadosamente un huerto. Algunas veces planta. Otras veces riega. También poda, limpia y retira aquello que está impidiendo nuestro crecimiento.
No todo lo que Dios quita de nuestra vida es pérdida.
Algunas cosas tienen que salir para que otras puedan florecer.
Y aquí encontramos algo todavía más importante: un huerto no recibe agua una sola vez.
La necesita constantemente.
Nuestra relación con Dios tampoco puede depender únicamente de aquel día en que estuvimos desesperados y oramos con todas nuestras fuerzas.
Necesitamos Su presencia cada día.
Palabra cada día.
Oración cada día.
Gratitud cada día.
Comunión con Dios cada día.
Porque cada jornada también trae su propio calor.
Problemas, preocupaciones, decisiones, cansancio, tentaciones, decepciones y responsabilidades pueden ir secando nuestro corazón si no permitimos que Dios vuelva a refrescarlo.
Quizá hoy te sientes precisamente así: cansado, sin ánimo, espiritualmente seco.
No significa que todo esté perdido.
UN HUERTO SECO PUEDE VOLVER A FLORECER CUANDO REGRESA EL AGUA.
Pídele hoy al Espíritu Santo que riegue nuevamente aquellas áreas de tu vida que necesitan restauración.
Tu fe.
Tu esperanza.
Tu matrimonio.
Tu familia.
Tus proyectos.
Tus fuerzas.
Tus ganas de continuar.
Dios sabe exactamente qué parte del huerto necesita agua.
Y cuando Él comienza a trabajar, aquello que parecía marchitarse puede volver a producir fruto.
Oración
Señor, hoy pongo mi corazón delante de Ti. Tú conoces aquellas áreas de mi vida que están cansadas, preocupadas o comenzando a secarse. Riégame con Tu Espíritu Santo. Alimenta mi fe con Tu Palabra, renueva mis fuerzas y limpia de mi vida aquello que impida que produzca buen fruto. No permitas que las preocupaciones del mundo sequen mi relación contigo. Haz de mi alma un huerto cuidado por Tus manos, lleno de vida, paz y fruto para Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.
NO IMPORTA CUÁN SECO PAREZCA HOY EL TERRENO. CUANDO DIOS MANDA EL AGUA, LA VIDA VUELVE A BROTAR.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
