La propuesta del PRI en Chihuahua para que los candidatos derrotados a las alcaldías entren automáticamente como regidores plurinominales no es una reforma democrática. No nos hagamos bolas. Esto no nace desde la pluralidad, ni desde la inclusión política, ni desde el fortalecimiento institucional. Esta iniciativa nace desde el miedo electoral, desde la desesperación, desde el reconocimiento silencioso de que el PRI hoy, siendo fríos y directos, ya no trae fuerza real para ganar prácticamente ninguna alcaldía importante en el estado. Así de duro.
Los partidos que se sienten competitivos salen a buscar triunfos, construyen estructura, generan liderazgos, conectan con la ciudadanía y se preparan para gobernar. En cambio, los partidos que saben que vienen perdiendo terreno elección tras elección empiezan a buscar cómo sobrevivir, aunque la gente ya no vote por ellos. Esto exactamente es lo que refleja esta iniciativa.
El PRI ya entendió algo que muchos dentro del propio partido todavía no quieren aceptar públicamente: el viejo modelo político con el que dominaron Chihuahua durante décadas ya se desgastó brutalmente. Las nuevas generaciones no conectan igual con la marca, las bases ya no se sienten sólidas, el voto duro cada vez pesa menos y la percepción pública del partido sigue cargando años de desgaste, corrupción, privilegios y políticos reciclados que nunca terminaron de soltar el poder.
Por eso esta reforma se siente más como un salvavidas político que como una evolución democrática.
Cuando un partido propone que incluso perdiendo puedas caer parado dentro del Cabildo, lo que realmente está diciendo es: “Sabemos que ganar está muy complicado… así que mínimo queremos asegurar espacios.” Honestamente, esta es la parte más brutal de todo esto.
El PRI pasó de ser un partido que peleaba gubernaturas, congresos y alcaldías desde la soberbia del poder, a un partido que hoy parece estar legislando para no desaparecer completamente de la conversación política municipal.
Antes el PRI jugaba para aplastar. Hoy parece jugar para sobrevivir.
Y claro que intentarán disfrazarlo de “representación democrática”, pero la calle entiende perfectamente lo que está viendo: una clase política que no quiere aceptar el mensaje de las urnas y que busca mecanismos para mantenerse pegada a la nómina pública, aunque la ciudadanía ya no le entregue el triunfo.
Perder debería tener consecuencias políticas. Este es precisamente el sentido de una elección.
Si la gente no te da la confianza para gobernar, entonces te toca reconstruirte, trabajar, convencer y regresar después, no brincar automáticamente a otra silla gracias a una reforma hecha a modo.
Además, esta iniciativa manda un mensaje peligrosísimo para el futuro electoral de Chihuahua: que ya no importa tanto ganar, porque siempre existirá una puerta trasera para acomodarte. En este es donde la democracia empieza a convertirse en simulación.
Las regidurías plurinominales no fueron creadas para rescatar candidatos derrotados, fueron pensadas para garantizar representación de corrientes políticas minoritarias, no para convertirse en premio de consolación para campañas fallidas.
Siendo sinceros, el PRI no estaría impulsando algo así si realmente sintiera que viene fuerte rumbo al futuro. Los partidos seguros de sí mismos no diseñan paracaídas, los partidos derrotados sí.
Martillazooo final
El problema del PRI ya no es solamente que perdió fuerza electoral, el verdadero problema es que parece haber perdido hasta la confianza de que puede volver a ganar.
Si un partido deja de pelear por convencer a la ciudadanía para mejor empezar a reformar leyes que le aseguren hueso, aunque pierda, entonces ya no estamos viendo estrategia política, estamos viendo instinto de supervivencia.
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!
