“Patadas de ahogado” de un viejo coyote de Chihuahua

Dicen los viejos que los animales también dejan grandes lecciones para quien sabe observar.

Cuentan que un viejo coyote recorría el monte presumiendo que nadie era más astuto que él, se burlaba de la fuerza del oso, de la velocidad del venado y hasta de la paciencia del búho, estaba convencido de que su inteligencia siempre sería suficiente para salir de cualquier problema.

Pero un día, la vida le puso enfrente algo que jamás había enfrentado, al intentar cruzar un río caudaloso, resbaló sobre una piedra húmeda y cayó al agua, la corriente comenzó a arrastrarlo. Fue entonces cuando desapareció el coyote seguro de sí mismo. apareció el desesperado. En lugar de pensar, comenzó a manotear y a patalear. En lugar de buscar la orilla, empezó a dar patadas al agua, patadas fuertes, patadas desesperadas, patadas sin rumbo, “patadas de ahogado”.

Desde la orilla, un viejo búho observaba la escena, con la calma que dan los años le gritó: ¡Deja de pelear con el río! ¡Relájate! ¡Flota! ¡Deja que la corriente pierda fuerza y busca la orilla!. Pero el miedo ya había tomado el control.

El coyote siguió golpeando el agua con todas sus fuerzas, cada manotazo, cada manotazo lo cansaba más, cada patada lo hundía más, hasta que la corriente terminó llevándoselo.

El viejo búho bajó la cabeza y murmuró una frase que todavía sigue recorriendo el bosque: “No fue el río quien acabó con él”, “Fue la desesperación.”

Es curioso, porque la política también tiene sus propios ríos, y sobre todo, también tiene personajes que dan sus propias “patadas de ahogado”, y en Chihuahua capital actualmente estamos siendo testigos de unas enormes “PATADAS DE AHOGADO”. No aparecen cuando un proyecto se siente fuerte, no aparecen cuando existe rumbo. No aparecen cuando hay confianza en el trabajo realizado, aparecen cuando el tiempo comienza a jugar en contra, cuando las señales ya no son las esperadas, cuando la realidad deja de parecerse al discurso. Entonces empiezan los movimientos desesperados. De pronto cambian las estrategias, cambian los mensajes, cambian las narrativas, y hasta aparecen herramientas de última hora que pretenden convencer de que todo marcha exactamente como estaba planeado, y no diremos que se trata de una encuestadora fantasma porque pierde sorpresa el MARTILLAZOOO!. UPS!

Mientras más desesperadas son las reacciones, más evidente resulta la preocupación.

Los proyectos sólidos casi nunca necesitan demostrar todos los días que siguen vivos, simplemente siguen avanzando. Los que confían en el trabajo realizado no viven buscando atajos, no necesitan fabricar percepciones nuevas cada semana, o necesitan mover el agua para hacer creer que están avanzando porque saben que el movimiento no siempre significa progreso, a veces, solo significa desesperación. Los operadores con experiencia conocen perfectamente ese momento.

Cuando un proyecto deja de caminar y empieza a manotear, cuando deja de construir y comienza a reaccionar, cuando deja de confiar en el trabajo de meses y deposita sus esperanzas en movimientos improvisados, en ese momento la política deja de ser estrategia y pasa a convertirse en supervivencia.

Martillazooo final

El viejo búho dejó una enseñanza que sigue siendo tan vigente en el bosque como en la política: Los actos desesperados e irracionales nunca resuelven un problema grave.

Las reacciones impulsivas casi siempre aceleran la caída de la derrota cuando esta comienza a asomarse en el horizonte.

La serenidad construye, la desesperación improvisa. La estrategia piensa, el miedo reacciona.

Las espectaculares “patadas de ahogado” hacen mucho ruido, levantan mucha agua, llaman la atención, durante unos segundos hasta parecen demostrar fuerza, pero tienen un pequeño problema: Jamás cambian la corriente.

El que entendió, entendió!, los demás que sigan pataleando.

MAERTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!

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