Hay una frase muy conocida que dice que el frío no se siente igual para todos, hay quienes salen a la calle con una simple camisa y hay quienes, con el primer airecito, ya traen chaleco, chamarra y hasta bufanda, no porque realmente haga frío, sino porque sienten que puede hacer.
Esta semana en el rollo de la política, en Chihuahua pasó exactamente algo parecido. Todo comenzó con un video donde una funcionaria estatal expresó abiertamente su simpatía por un perfil político. En su mensaje habló de liderazgo, de capacidad y de una reflexión sobre quienes aspiran a gobernar una ciudad sin antes haber demostrado ciertas responsabilidades en su vida personal y con su familia. Nunca dio nombres, nunca señaló directamente a nadie, fue una opinión, como tantas que diariamente se expresan dentro y fuera de la “la polaca”.
Ese video prendió la mecha de inmediato, y el espectáculo comenzó.
Y para luego es tarde, de pronto aparecieron los intérpretes oficiales del mensaje, los defensores, los analistas de ocasión, algún regidor, algunos opinadores, algunos medios de comunicación. Todos asegurando que el comentario iba dirigido a un personaje en específico, nadie los obligó, nadie les pidió ponerle nombre, ellos solitos decidieron hacerlo, pensando, o mejor dicho, sin pensar y “les salió el chirrión por el palito”.
Entre más intentaban defender al personaje al que le pusieron nombre y apellido, más confirmaban en la conversación pública aquello que originalmente nunca había sido mencionado.
Lo más interesante de toda esta historia vino horas después… Durante una gira de trabajo, la gobernadora fue cuestionada sobre el tema, su respuesta fue mucho más sencilla de lo que muchos esperaban. Dijo que cada quien tiene derecho a expresar públicamente sus preferencias políticas, incluso comentó que sabe de otros funcionarios que también han manifestado abiertamente su respaldo hacia otros aspirantes y que no entendía cuál era el escándalo. Remató con una frase que prácticamente apagó el incendio: dijo que esa mañana ella había salido y se había puesto un saco, pero el saco que ella decidió ponerse, pero que hubo gente que se puso el saco así de la nada.
Lo anterior cambió completamente la historia, entendamos que el problema nunca fue el video, el problema tampoco fue la opinión, definitivamente el problema fue la reacción. Precisamente en estos momentos es donde se conoce el verdadero nivel de una asesoría política. Cuando todo marcha bien cualquiera parece estratega, lo difícil es reaccionar cuando aparece un escenario inesperado, ahí es donde se separan quienes realmente saben leer los momentos de quienes únicamente reaccionan por impulso.
Para eso existen los asesores, para bajar la temperatura cuando el ambiente se calienta, para evitar que un comentario se convierta en una crisis, para pensar antes de hablar, para medir las consecuencias antes de mover una pieza, no para salir corriendo a responder todo, no para convertir un charco en una inundación, no para echarle gasolina a un tema que, probablemente, habría muerto solo, y terminaron incendiándolo.
Muchas asesorías transmiten serenidad, hay otras que parecieran vivir en modo emergencia. Reaccionan antes de analizar, contestan antes de entender y, sin darse cuenta, terminan haciendo exactamente lo contrario de aquello para lo que fueron contratados: en lugar de proteger un proyecto, terminan exhibiéndolo.
No todo merece respuesta y no toda respuesta ayuda. Hay temas que se apagan solos si nadie les sopla. El problema es que algunos asesores, por querer demostrar que están haciendo su trabajo, terminan manteniendo vivo un asunto que quizá habría durado unas cuantas horas. En la “polaca”, una mala asesoría suele costar mucho más que un mal discurso.
Se nos pasa de largo un detalle que pocos han comentado: el supuesto aludido nunca dijo una sola palabra. Dicen los viejos que “el que calla otorga”, pudiera ser que tal vez. ¿Y si sí? ¿Y si no?, cada quien que piense lo que quiera.
Lo que sí quedó claro es que, mientras él guardaba silencio, hubo varios que decidieron hablar por él. Salieron a defenderlo sin que nadie se los pidiera, se pusieron el chaleco sin que nadie se los entregara y, sin darse cuenta, terminaron construyendo una historia mucho más grande que la original.
En lo que alrededor se armaban debates, entrevistas, publicaciones, interpretaciones y defensas apasionadas, el personaje permaneció en silencio. Fueron otros quienes hablaron por él, fueron otros quienes decidieron ponerse el chaleco, fueron otros quienes terminaron construyendo una narrativa que originalmente ni siquiera existía.
Una cosa es defender a un compañero, y otra muy distinta es salir corriendo a defender a alguien que ni siquiera sintió la necesidad de defenderse.
Dicen los viejos que “el que se mueve no sale en la foto.” Para el tema político habría que actualizar el refrán: “El que se pone el chaleco sin que se lo den, termina convenciendo a todos de que sí le dio frío.”
Martillazooo final
Hay asesores que ayudan a ganar elecciones, hay otros que ayudan a perder la calma. Los buenos analizan el escenario, los malos reaccionan cuando la partida ya cambió. Lo más peligroso es que casi nunca se dan cuenta del daño que provocan, porque siempre encuentran a alguien más a quien echarle la culpa.
Tenemos a otros que entienden que la política también consiste en saber cuándo hablar, pero sobre todo, cuándo quedarse callados. No toda crítica merece respuesta, no toda opinión amerita un escándalo, menos cuando ni siquiera mencionan un nombre.
No todo comentario justifica salir en bola a defender lo que nadie había señalado, en ocasiones el silencio protege más que cien comunicados. Más vale una estrategia bien pensada que diez defensas improvisadas.
Hay asesorías que cobran por apagar incendios, y terminan especializándose en provocarlos. Para esas asesoría, a veces sale más barato pensar solo.
El que entendió, entendió, los demás que revisen primero el clima antes de salir corriendo por el chaleco.
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir
