¡¡¡FUAAAAAA!!! Se acuerdan?… Pues en la política todavía hay quienes creen en él.

Si usted tiene más de treinta años, seguramente se va a acordar. Corría el año 2011 cuando un personaje apareció en una entrevista callejera y, sin imaginarlo, terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos virales más grandes que ha tenido México, una teoría que hizo reír a millones. Decía que todos traíamos una fuerza escondida en el estómago, una fuerza que aparecía cuando ya no podías más, cuando las piernas ya no respondían, cuando el cuerpo estaba a punto de rendirse. Entonces había que sacar el famoso ¡¡¡FUAAAAAA!!!, la fuerza universal aplicada según el personaje.

Según él, esa energía era capaz de mover montañas, bastaba con echarle ganas, sacar el ¡FUA! y seguir adelante. El video recorrió todo el país, lo repetían en las escuelas, en las oficinas, en las carnes asadas, en los programas de televisión y hasta en campañas publicitarias. Durante meses México entero gritaba: ”¡FUA!”. Se volvió parte de la cultura popular y, aunque muchos lo tomaban de broma, otros hasta encontraban cierta inspiración en aquella ocurrencia.

Con el tiempo quedó claro que el ¡FUA! servía para levantar el ánimo, pero no para resolver los problemas. Por más ¡FUA! que sacaras, el examen había que estudiarlo, el negocio había que trabajarlo, la deuda había que pagarla, el entrenamiento había que hacerlo, la vida seguía exactamente igual después del grito.

Lo curioso es que pasaron los años, el video quedó para la historia pero el ¡FUA! nunca desapareció, nomás cambió de lugar. Hoy ya no vive en las redes sociales, hoy vive en la cabeza de más de un político que sigue creyendo que con puro entusiasmo alcanza para ganar una elección.

En cada proceso electoral aparecen personajes convencidos de que con echarle ganas basta, creen que una campaña se gana con porras, con aplausos, con discursos encendidos y con videos bien producidos. Piensan que un salón lleno representa a toda una ciudad, que una encuesta los convierte automáticamente en favoritos, que las redes sociales sustituyen el trabajo de tierra, que los likes son votos, que el ánimo alcanza para llenar las urnas.

La realidad suele ser mucho más …abrona. La política no premia al que más grita, premia al que mejor trabaja. No gana el que más selfies se toma, gana el que más colonias recorre. No gana el que más entrevistas concede, gana el que mejor organiza su estructura. No gana el que trae más porra, gana el que construyó equipo cuando nadie estaba viendo.

En lo que unos siguen practicando cómo sacar el ¡FUA! en cada evento, otros hacen algo mucho menos espectacular, caminan secciones, hablan con liderazgos, forman representantes de casilla, construyen acuerdos, suman operadores, resuelven problemas, hacen política de la que no sale en los videos pero sí aparece el día de la elección. Esta diferencia termina pesando toneladas.

Tenemos a quienes confunden el entusiasmo con fuerza política, confunden el ruido con respaldo, confunden la popularidad momentánea con estructura. Lo peor es que terminan creyéndose su propia historia. Se rodean de gente que les dice exactamente lo que quieren escuchar, que les dice que ya ganaron, que nadie les compite, que todo mundo está con ellos. Poco a poco dejan de escuchar la calle y comienzan a escuchar únicamente los aplausos.

Hasta que llega el día bueno, ese día ya no importan los discursos, ya no importan las fotografías, ya no importan los eventos, ya no importa quién gritó más fuerte, importa quién trabajó mejor durante meses.

Dicen los viejos que “el papel aguanta todo.” Las encuestas también, las redes sociales también, los discursos también, las promesas también. Lo único que no aguanta cuentos es la urna. En la urna no existe el ¡FUA!, en la urna aparecen los votos, votos que casi siempre terminan premiando al que hizo la tarea, no al que mejor la presumió.

Martillazooo final

El problema nunca fue el ¡FUA!, el problema siempre ha sido creer que el ¡FUA! sustituye el trabajo. Muchos terminan enamorándose de los aplausos, de las porras, de las fotografías, de los eventos llenos, de las encuestas donde siempre aparecen arriba, y poco a poco comienzan a creerse invencibles hasta que llega el único día donde nadie puede maquillar la realidad: el día de la elección.

Ese día de la elección el voto de los asesores no da el triunfo, ni el de los amigos, ni el de los que te aplauden cada vez que hablas, ni el de los que te dicen que vas muy bien, ese día de la elección el voto que decide es el de la gente de la calle, la de a pie, esa gente que suele ser mucho más cabro…a que el entusiasmo.

Así que antes de volver a grita ¡¡¡FUAAAAAA!!!, más de uno debería preguntarse si realmente trae estructura o si solamente trae un montón de gente diciéndole lo que quiere escuchar.

Una cosa es sacar el ¡FUA! y otra muy distinta es sacar los votos.

El que entendió, entendió, los demás que sigan sacando el ¡¡¡FUAAAAAA!!!

MARTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir.

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