Mientras muchísima gente sigue viendo la política de Chihuahua como si todo se redujera a marchas, conferencias, TikToks, encuestas y declaraciones explosiva, abajo del tablero ya se está librando otra guerra muchísimo más seria, una guerra silenciosa, fría, calculadora y brutalmente territorial. Rumbo al 2027 los partidos ya no solamente están construyendo campañas, están construyendo trincheras.
El detalle más interesante de todo esto es que cada fuerza política parece haber entendido perfectamente cuál es hoy su verdadera realidad.
El PAN entendió que ya no puede vivir solamente de la marca, está apostando prácticamente todo al control institucional del estado. Maru Campos hoy no solamente gobierna Chihuahua, gobierna también gran parte del orden político interno del panismo estatal. Su narrativa de resistencia contra el centralismo federal terminó convirtiéndose en el pegamento político de Acción Nacional en el estado. Abajo de ella empiezan a acomodarse las piezas más importantes de los azules.
Marco Bonilla ya no parece solamente alcalde de Chihuahua capital. Hoy luce como el principal blindaje político-electoral del PAN rumbo al 2027 y como el heredero natural del proyecto maruquista. La capital sigue siendo el bastión más rentable del panismo, y Bonilla es quien controla esa joya electoral.
Daniela Álvarez, desde el Comité Estatal, parece operar otra tarea igual de importante: mantener disciplina interna, reorganizar estructuras y preparar maquinaria territorial para la guerra que viene. Alfredo Chávez juega el rol del operador legislativo indispensable para blindar la agenda del Ejecutivo y sostener la estabilidad política dentro del Congreso.
El PAN está fortaleciendo orden institucional. Morena parece moverse con muchísima más emoción, pero también con muchísimo más riesgo interno. Probablemente Morena sea hoy el movimiento con mayor fuerza emocional, narrativa nacional y crecimiento político dentro de Chihuahua, pero también parece estar entrando peligrosamente temprano en una guerra interna de egos, candidaturas y grupos de poder.
Andrea Chávez representa el ala ideológica, mediática y nacional del obradorismo duro, domina conversación pública, domina redes y domina polarización. Mientras Andrea domina reflectores, Cruz Pérez Cuéllar parece seguir dominando algo todavía más peligroso: la estructura territorial real.
Cruz no solamente gobierna Juárez, controla la burocracia del municipio más poderoso del estado, mueve operación territorial, conserva operadores propios y además parece contar con cercanía política de figuras federales clave como Ariadna Montiel. Es precisamente aqui donde empieza la verdadera tensión dentro de Morena. Unos construyen narrativa, otros construyen territorio. Las elecciones reales muchas veces terminan definiéndose más abajo del templete que arriba del escenario.
Por eso la encuesta de GobernArte publicada el 18 de mayo terminó haciendo tanto ruido dentro del morenismo. Después de toda la exposición nacional alrededor de Andrea Chávez, los números colocaron arriba a Cruz Pérez Cuéllar: 37.1% contra 28.3%. Esto cambió completamente la conversación política interna.
En política hay una diferencia gigantesca entre ser tendencia y ser preferencia.
En lo que Morena sigue acelerando encuestas internas, mediciones rumbo al 2027, grupos midiéndose entre sí y recorridos casa por casa buscando firmas contra Maru Campos, aparece un riesgo que el movimiento no debería subestimar jamás: terminar obsesionado con la guerra interna mientras la elección verdaderamente importante todavía ni siquiera comienza formalmente.
Sí, dentro de Morena importa quién va arriba, claro que mueve egos, claro que mueve estructuras, claro que mueve grupos internos. Por lo pronto el PAN sigue gobernando el estado. Este es justamente el peligro: Morena podría terminar cuidando los centavos, mientras descuida los pesos.
Una cosa es dominar conversación interna, y otra muy distinta es construir una mayoría electoral sólida capaz de ganar Chihuahua. Las encuestas emocionan. Las marchas generan ruido. Las firmas generan narrativa. Las gubernaturas se ganan con algo mucho más complejo: estructura territorial, percepción de estabilidad, alianzas, operación política, seguridad y capacidad de conectar emocionalmente con sectores muchísimo más amplios que solamente la militancia dura.
Ojo, la estrategia de convertir todo el tablero político en una campaña permanente contra Maru también puede convertirse en arma de doble filo. La gente puede firmar por enojo momentáneo, puede asistir a una marcha, puede gritar consignas, pero las gubernaturas no se ganan solamente con enojo, se ganan con confianza.
Por su parte, PRI parece haber entendido una realidad todavía más dura: El priismo ya no se mueve pensando en recuperar Chihuahua, se mueve pensando en sobrevivir políticamente. Hoy Alejandro Domínguez parece operar más como administrador de supervivencia que como dirigente de un partido competitivo rumbo a la gubernatura. Aun así, el PRI sigue siendo pieza importante dentro del tablero porque conserva operadores históricos, voto rural residual y capacidad de negociación legislativa.
Movimiento Ciudadano ha entendido otro detalle importantísimo: quizá no le alcance para gobernar Chihuahua, pero sí podría tener suficientes votos para decidir quién gobierna. Aquí aparece la lógica de Alfredo “El Caballo” Lozoya y el proyecto naranja: crecer no necesariamente para ganar sino para convertirse en la bisagra que fracture el tablero en una elección cerrada.
Quizá ahí está el verdadero resumen de todo lo que hoy está ocurriendo en Chihuahua rumbo al 2027.
Nadie parece tener asegurada la elección, pero todos ya están moviendo piezas como si la guerra hubiera comenzado oficialmente.
Martillazooo final
La elección del 2027 ya no se está peleando solamente en discursos, marchas o redes sociales, se está peleando abajo, en las estructuras, en los operadores, en los municipios, en las alianzas silenciosas, en los grupos internos, en las nóminas, en el control territorial y en la capacidad real de movilizar poder político el día de la elección.
Unos siguen obsesionados con los reflectores y otros ya están construyendo el tablero completo.
En política hay algo que casi siempre termina imponiéndose: los discursos emocionan, pero las estructuras son las que terminan ganando elecciones.
MARTILLAZOOO! QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!
