“Sabiendo que la tribulación produce paciencia.” Romanos 5:3
A nadie le gusta atravesar momentos difíciles. Si pudiéramos elegir, seguramente pediríamos una vida con menos problemas, menos incertidumbre, menos esperas y muchas más respuestas.
Pero hay cosas que solamente aprendemos atravesándolas.
Podemos leer mucho acerca de paciencia. Podemos escuchar consejos sobre cómo mantener la calma. Incluso podemos decir que confiamos plenamente en Dios.
Hasta que llega la prueba.
Entonces descubrimos cuánto hemos aprendido realmente.
LA PACIENCIA NO SE APRENDE CUANDO TODO SUCEDE COMO QUEREMOS. SE FORMA CUANDO ALGO NO SALE COMO ESPERÁBAMOS Y, AUN ASÍ, DECIDIMOS SEGUIR CONFIANDO.
Pablo dice algo sorprendente: la tribulación produce paciencia.
No significa que debamos buscar el sufrimiento ni pensar que todo problema necesariamente viene directamente de Dios. Significa que incluso aquello difícil que llega a nuestra vida puede convertirse, en Sus manos, en terreno donde crecemos.
Porque hay una paciencia que solamente aparece después de haber esperado.
Hay una fortaleza que solamente conocemos después de sentirnos débiles.
Hay una fe que se vuelve más profunda después de haber tenido que confiar sin entender.
Y hay una paz diferente cuando descubrimos que sobrevivimos aquello que alguna vez pensamos que no podríamos soportar.
DIOS PUEDE UTILIZAR UNA TEMPORADA DIFÍCIL SIN PERMITIR QUE ESA TEMPORADA DEFINA TODA TU HISTORIA.
El problema es que nosotros queremos resultados rápidos.
Oramos hoy y queremos respuesta mañana.
Pedimos una puerta y queremos verla abierta inmediatamente.
Queremos sanar rápido, avanzar rápido, resolver rápido.
Pero Dios también trabaja durante las esperas.
Mientras nosotros preguntamos: “¿Cuándo terminará esto?”, quizá Él está fortaleciendo algo dentro de nosotros que necesitaremos después.
Eso no hace agradable la tribulación.
Pero puede darle propósito.
Tal vez estás viviendo una temporada que no elegiste. Algo se retrasó. Una puerta se cerró. Un proyecto no salió como esperabas. Existe una preocupación que lleva demasiado tiempo contigo.
Y comienzas a cansarte.
Entonces recuerda:
NO TODO LO QUE TARDA ESTÁ PERDIDO. NO TODO LO QUE DUELE ES EL FINAL. Y NO TODO PROCESO DIFÍCIL SIGNIFICA QUE DIOS TE HA ABANDONADO.
Quizá hoy estás pidiendo que cambien tus circunstancias.
Sigue orando por ello.
Pero añade otra oración:
“Señor, mientras esto cambia, cámbiame también a mí.”
Dame paciencia.
Dame sabiduría.
Dame carácter.
Dame dominio propio.
Enséñame aquello que no habría aprendido de otra manera.
Porque quizá el milagro no será únicamente salir de la prueba.
Tal vez parte del milagro será descubrir quién te convertiste después de atravesarla.
No permitas que la dificultad te vuelva amargado.
No permitas que la espera destruya tu fe.
No permitas que una temporada complicada te haga abandonar aquello que sabes que Dios puso en tu corazón.
Sigue.
Un día más.
Una oración más.
Un intento más.
Un paso más.
LA TRIBULACIÓN PUEDE PRESIONARTE, PERO EN LAS MANOS DE DIOS ESA PRESIÓN TAMBIÉN PUEDE FORMARTE.
ORACIÓN
Señor, Tú conoces aquello que hoy me preocupa, me cansa y pone a prueba mi paciencia. Si es Tu voluntad, abre caminos y cambia las circunstancias que estoy atravesando; pero mientras llega la respuesta, trabaja también dentro de mí. Quita mi desesperación, mi enojo y mi impaciencia. Dame serenidad para esperar, sabiduría para actuar y fe para continuar aunque todavía no entienda todo. Que esta temporada no me aleje de Ti, sino que fortalezca mi carácter y mi confianza. En el nombre de Jesús. Amén.
