Cuando el corazón deja de resistirse y comienza a decir: “Aquí estoy”

“Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder.” Salmo 110:3

Hay una diferencia enorme entre hacer algo por obligación y hacerlo porque verdaderamente nace del corazón.

Podemos cumplir. Podemos obedecer. Podemos incluso aparentar disposición. Pero Dios conoce perfectamente cuándo nuestras palabras dicen “sí” mientras nuestro corazón todavía está diciendo “no”.

El Salmo de hoy nos habla precisamente de ese momento en el que algo cambia dentro de nosotros: cuando dejamos de resistirnos y comenzamos a ofrecernos voluntariamente a Dios.

No por presión.

No por miedo.

No para quedar bien con alguien.

Sino porque entendemos que nuestra vida también puede convertirse en instrumento para algo mucho más grande que nosotros mismos.

DIOS NO SOLAMENTE QUIERE CAMBIAR LO QUE HACES. QUIERE TRANSFORMAR EL CORAZÓN DESDE DONDE LO HACES.

Todos tenemos áreas donde nos cuesta ceder.

Queremos que Dios dirija nuestra vida… siempre que coincida con nuestros planes.

Queremos Su voluntad… siempre que no implique renunciar a algo que deseamos.

Queremos que abra puertas, pero nos cuesta aceptar cuando decide cerrar alguna.

Queremos respuestas, pero no siempre queremos dirección.

Y entonces Dios comienza a trabajar.

No necesariamente empujándonos por la fuerza, sino transformando poco a poco nuestra manera de pensar, nuestras prioridades y nuestros deseos.

Hasta que aquello que antes rechazábamos comenzamos a entregarlo.

Aquello que antes queríamos controlar comenzamos a confiarlo.

Y donde antes decíamos “yo quiero”, aprendemos a decir:

“SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES TÚ?”

Eso también es crecimiento espiritual.

Hay una oración muy poderosa que podemos hacer al comenzar el día:

“SEÑOR, AQUÍ ESTOY. ÚSAME.”

Parece sencilla, pero puede cambiar completamente nuestra manera de vivir.

Porque quizá hoy Dios quiera utilizar tus palabras para levantar a alguien.

Tus manos para ayudar.

Tu experiencia para orientar.

Tus recursos para compartir.

Tu posición para abrir una puerta.

Tu tiempo para acompañar.

O incluso alguna experiencia dolorosa de tu pasado para darle esperanza a alguien que está atravesando hoy lo que tú ya sobreviviste.

NO TODO LO QUE DIOS TE HA DADO FUE ENTREGADO SOLAMENTE PARA TU BENEFICIO. ALGO DE ELLO TAMBIÉN PUEDE HABER SIDO PUESTO EN TUS MANOS PARA BENDECIR A OTROS.

El problema es que muchas veces esperamos sentirnos completamente preparados.

Pensamos que primero necesitamos saber más, tener más, resolver todos nuestros problemas o convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos.

Pero Dios ha utilizado durante toda la historia a personas imperfectas que simplemente estuvieron dispuestas.

Tal vez hoy no necesitas preguntarte solamente qué puede hacer Dios por ti.

Prueba otra pregunta:

¿QUÉ PUEDE HACER DIOS HOY A TRAVÉS DE MÍ?

Eso cambia la perspectiva.

Ya no entras a una habitación pensando únicamente en lo que puedes obtener, sino también en lo que puedes aportar.

Ya no observas a las personas solamente desde tus necesidades, sino también desde las suyas.

Ya no comienzas el día únicamente pidiendo bendiciones.

Comienzas también ofreciéndote para convertirte en una.

ORACIÓN

Señor, hoy pongo mi vida a Tu disposición. Trabaja primero en mi corazón y transforma aquello que todavía se resiste a Tu voluntad. Dame no solamente el deseo de hacer el bien, sino también la fuerza, la sabiduría y el valor para hacerlo. Utiliza mis palabras, mis manos, mi tiempo, mis capacidades y todo aquello que has puesto en mi vida para cumplir Tus propósitos y bendecir a quienes encuentre en mi camino. Que hoy pueda decirte sinceramente: aquí estoy, Señor; úsame. En el nombre de Jesús. Amén.

TAL VEZ HOY NO NECESITES PEDIRLE A DIOS UNA NUEVA OPORTUNIDAD. QUIZÁ LA OPORTUNIDAD YA ESTÁ FRENTE A TI Y LO ÚNICO QUE FALTA ES UN CORAZÓN DISPUESTO A DECIR: “AQUÍ ESTOY, ÚSAME.”

QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.

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