16
Ene
Hay decisiones que no hacen ruido cuando se toman, no generan escándalo, no provocan crisis inmediatas. Pero son las más caras. Elegir gobernar desde el discurso es una de ellas. Porque el discurso no fracasa de golpe, primero tranquiliza, luego normaliza y cuando la realidad se impone, ya no hay margen. Durante años, muchos gobiernos apostaron por la forma antes que por el fondo: Hablar bien, explicar todo y justificar siempre. Gobiernos que caían bien, Gobiernos que comunicaban mejor que nadie, Gobiernos que parecían estables, hasta que dejaron de serlo. El problema del discurso no es que sea inútil, el…
