Los políticos también hacen lista para Santa… pero nunca piensan en  rendir cuentas

Diciembre es el mes del perdón… o al menos eso creen algunos políticos.

Llegan las posadas oficiales, los discursos templados, los mensajes “humanos”, las foto con sonrisa ensayada y los textos que hablan de paz, unidad y esperanza. Todo muy bonito. Todo muy correcto. Todo muy oportuno.

Porque en Navidad, la memoria estorba. En estas fechas, los políticos también hacen su lista para Santa. Pero no piden mejores hospitales, No piden seguridad real, No piden agua, calles dignas ni justicia. Mucho menos piensan en rendir cuentas. Piden algo más cómodo:
que olvidemos:

Que olvidemos el año completo de decisiones mal tomadas. Que olvidemos los proyectos prometidos y nunca iniciados. Que olvidemos los discursos repetidos, los problemas heredados y las excusas recicladas. Que olvidemos quién estuvo… y quién se escondió.

Mientras las familias ajustan gastos para completar la cena, ellos ajustan narrativas. Mientras el ciudadano común se endeuda, el político se justifica. Mientras la gente pide resultados, ellos piden paciencia. Siempre paciencia.

La Navidad se ha convertido en el mejor maquillaje del poder. Una temporada perfecta para suavizar errores, esconder fracasos y posar como si todo estuviera bien. Un mes donde se gobierna con abrazos, pero no con resultados.

Porque gobernar no es dar juguetes en diciembre. No es grabar mensajes emotivos. No es repartir buenos deseos desde una oficina climatizada. Gobernar es responder cuando no hay cámaras, es explicar números, decisiones y consecuencias, es dar la cara cuando las cosas salen mal… no solo cuando toca brindar.

Pero eso no se pone en la carta a Santa.

Ahí solo van los deseos cómodos: más aprobación, menos crítica, más likes, menos preguntas. Más aplausos… y menos memoria.

Este año, Santa no debería traer regalos a los políticos, debería traerles algo que realmente les incomoda: una ciudadanía que no olvida, que pregunta y que exige.

Porque la Navidad se acaba. Las luces se apagan. Las posadas terminan. Pero las facturas del mal gobierno no desaparecen con villancicos, esas se pagan después. Y las paga la gente.

Que nadie se confunda: en 2027 no se vota con suéter navideño, no se vota con frases bonitas, no se vota con “buenos deseos”. Se vota con memoria.

Y aunque hoy el martillo suene entre campanas y brindis, el mensaje es claro: la cuenta no se borra en diciembre… se cobra en las urnas.

MARTILLAZOOO.

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