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En la historia de las Grandes Ligas existen trayectorias improbables, pero pocas tan extremas como la de Mike Piazza, el jugador que pasó de ser una selección de relleno en el draft a convertirse en el mejor catcher bateador de todos los tiempos. Piazza nació en Norristown, Pensilvania, lejos de los reflectores del béisbol colegial y sin el respaldo de los scouts profesionales. Su desarrollo fue impulsado principalmente por su padre, quien le construyó una jaula de bateo en casa y lo sometió a rutinas diarias de cientos de swings. A pesar de mostrar un talento ofensivo notable desde joven…
