Dentro de “la polaca” existe una diferencia enorme entre tener derecho a competir y tener condiciones para competir. Lo primero lo puede tener cualquiera, lo segundo se construye y también se pierde. Hay momentos en la vida pública donde la discusión deja de ser si alguien puede ser candidato, la verdadera discusión comienza cuando la gente se pregunta si debe ser candidato. No son lo mismo.
Hay trayectorias que abren puertas, hay trayectorias que las complican. Hay capítulos que fortalecen un proyecto político, hay capítulos que terminan convirtiéndose en una carga. Por eso algunos personajes pasan años intentando convencer a la ciudadanía de mirar hacia adelante, cuando buena parte de la conversación sigue mirando hacia atrás. No se trata de filias ni de fobias, se trata de percepción. La percepción suele ser una de las monedas más valiosas de la política.
La política tiene algo que muchos subestiman: la memoria. Tenemos a quienes creen que basta con cambiar de cargo, aparecer en una nueva fotografía o comenzar una nueva campaña para dejar atrás los episodios incómodos, y vaya que fueron y lo siguen siendo. La realidad suele ser distinta: errores operativos que nunca terminaron de aclararse, y ni pensar que eso suceda. Expedientes de alto impacto que siguen generando preguntas, caso conocido el de una funeraria de Ciudad Juarez. Explicaciones que dejaron más dudas que certezas, como el caso de la sierra con los gabachos. Todo eso se acumula en la memoria colectiva. La ciudadanía suele recordar más de lo que algunos creen. La gente puede perdonar, la gente puede comprender, la gente incluso puede otorgar una segunda oportunidad. Lo que rara vez hace es olvidar con facilidad.
Existe un dicho entre quienes recorren los caminos de terracería del norte: Sacar un vehículo del lodo ya es complicado, sacarlo de la arena resulta todavía más difícil, pero cuando cae en un arroyo seco, normalmente se necesita mucho más que voluntad para volver a ponerlo en marcha. Hay personajes que logran salir adelante después de una crisis, hay otros que pasan años intentando convencer a la gente de que el problema quedó atrás. No siempre lo consiguen.
Cuando un nombre genera más preguntas que entusiasmo, más explicaciones que propuestas, más defensas que expectativas, la discusión deja de girar alrededor de sus aspiraciones, empieza a girar alrededor de su viabilidad. Existen momentos en los que insistir no necesariamente fortalece una aspiración, en ocasiones termina debilitándola. La política también tiene ciclos: etapas para construir, etapas para competir, etapas para gobernar, también existen etapas para entender que el tiempo político puede haber tomado otro rumbo.
Muchos creen que el paso del tiempo resuelve todo, no siempre ocurre así. Hay asuntos que siguen regresando a la conversación pública una y otra vez, hay capítulos que continúan abiertos, hay preguntas que siguen esperando respuestas, hay temas que simplemente se niegan a desaparecer. La ciudadanía observa, escucha, compara, evalúa y termina formando su propio juicio.
Lo verdaderamente interesante no es que exista la intención de regresar, eso ocurre todos los días con los “polacos”. En este caso y con este personaje, lo interesante es entender quién llegó a la conclusión de que era una brillante idea regresar. En algún lugar alguien hizo cuentas, alguien revisó antecedentes, alguien evaluó fortalezas y debilidades, alguien observó el peso de la historia reciente, y aun así determina de que valía la pena intentarlo.
Tal vez se trata de un exceso de optimismo, tal vez de una lectura equivocada del momento político, tal vez de la creencia de que el tiempo borra más de lo que realmente borra, tal vez quien insistió no se quiere quedar sin chamba, o tal vez simplemente se aplicó aquella vieja lógica de que no hay nada que perder intentándolo una vez más, pensando que en Chihuahua capital a la gente le vale que se la hagan una y otra vez. Verdaderamente se equivoca.
La pregunta es si esa conclusión también la comparte la ciudadanía.
Martillazooo final
Algunos siguen convencidos de que todavía están en la carrera, otros empiezan a preguntarse si la carrera ya pasó por ellos. Esa suele ser una de las conversaciones más incómodas de la política. Nadie quiere escucharla. Muchos se niegan a aceptarla. Tarde o temprano termina llegando.
Hay ocasiones en las que el mejor movimiento no es insistir en escribir un nuevo capítulo, hay ocasiones en las que simplemente es momento de pasar la página. Una cosa es querer avanzar, otra muy distinta es que la ciudadanía esté dispuesta a avanzar contigo.
Algo que sí podemos asegurar es que la memoria de la ciudadanía suele ser mucho más fuerte de lo que algunos calculan.
Como diría el Chapulín Colorado: “Que no panda el cúnico”.
Y ya que andamos en refranes, conviene recordar dos muy conocidos: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”, y también aquel que dice: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Hasta aquí la dejamos.
De nueva cuenta no diremos de qué personaje estamos hablando, no vaya siendo que se nos enfade el de cinco letras en el nombre y ocho en el apellido.
El que entendió, entendió, los que no, todavía tienen tiempo para hacer la tarea.
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE… y recuerda que lo mejor está por venir.
