“No es así mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado, aunque todavía no haga él florecer toda mi salvación y mi deseo.”
2 Samuel 23:5
Hay palabras de la Biblia que llegan justo cuando uno las necesita. Esta es una de ellas.
David estaba llegando al final de su vida. Había conocido la victoria, el poder y la abundancia, pero también había vivido pérdidas, problemas familiares, errores, traiciones y noches en las que seguramente fue difícil conciliar el sueño.
Por eso comienza reconociendo una realidad:
“No es así mi casa para con Dios…”
En otras palabras: las cosas no son exactamente como yo quisiera.
Y quizá hoy nosotros podríamos decir lo mismo.
Mi familia todavía no está como quisiera.
Mi trabajo todavía no está como quisiera.
Mis proyectos todavía no están como quisiera.
Mis finanzas todavía no están como quisiera.
Mi vida todavía no está como alguna vez la imaginé.
Pero David no se quedó mirando lo que faltaba.
Inmediatamente levantó los ojos hacia aquello que sí tenía asegurado:
“ÉL HA HECHO CONMIGO PACTO PERPETUO.”
Ahí estaba su tranquilidad.
Las circunstancias podían cambiar, pero Dios no.
Los hombres podían fallarle, pero Dios no.
El tiempo podía pasar, pero el pacto permanecía.
Y entonces aparece una frase extraordinaria:
“Aunque todavía no haga Él florecer toda mi salvación y mi deseo.”
Todavía.
Qué palabra tan importante para quien está esperando.
Todavía no sucede.
Todavía no llega.
Todavía no cambia.
Todavía no florece.
Pero todavía no significa nunca.
Hay semillas que Dios está trabajando debajo de la tierra mientras nosotros solamente vemos un terreno vacío.
Hay respuestas que se están preparando.
Hay caminos que todavía no alcanzamos a ver.
Hay procesos que necesitan tiempo.
Y mientras esperamos, nuestra seguridad no puede depender únicamente de que suceda exactamente aquello que queremos.
Nuestra seguridad está en quién camina con nosotros mientras esperamos.
David descubrió que podía descansar porque su vida estaba sostenida sobre algo mucho más firme que sus circunstancias:
el pacto de Dios.
Quizá hoy todavía no florece aquello por lo que llevas tiempo orando.
No arranques la semilla.
Sigue orando.
Sigue trabajando.
Sigue sembrando.
Sigue haciendo lo correcto.
Sigue confiando.
Pero sobre todo, vuelve tu corazón a Jesús.
Porque al final nuestra mayor bendición no consiste solamente en recibir aquello que pedimos.
Nuestra mayor bendición es poder decir:
YO SOY SUYO Y ÉL ES MÍO.
Eso basta para caminar hoy.
Oración
Señor, reconozco que hay cosas en mi vida que todavía no son como quisiera. Hay deseos que no han florecido, respuestas que sigo esperando y situaciones que no comprendo. Pero hoy decido no construir mi fe sobre mis circunstancias, sino sobre Tu fidelidad. Dame paciencia para esperar, sabiduría para hacer mi parte y fuerzas para continuar. Y si todavía no veo florecer aquello que deseo, recuérdame que tenerte a Ti es mi mayor seguridad. En el nombre de Jesús. Amén.
AUNQUE TODAVÍA NO FLOREZCA LO QUE ESPERAS, DIOS NO HA DEJADO DE SER FIEL.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
