Ciudad de México.– Durante casi dos décadas, Carlos Jonguitud Barrios fue una de las figuras más poderosas del sindicalismo mexicano. Su influencia sobre el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) parecía prácticamente intocable. Hasta que en abril de 1989, a unos meses de iniciar el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, todo cambió.
En medio de movilizaciones magisteriales, reclamos salariales y disputas internas, Jonguitud dejó el liderazgo que había construido alrededor del sindicato. Su salida estuvo acompañada por una intervención política del nuevo gobierno federal y abrió inmediatamente una nueva etapa dentro del SNTE.
El 24 de abril de 1989, Elba Esther Gordillo llegó a la Secretaría General del sindicato. La paradoja era evidente: Jonguitud había sido uno de los personajes que impulsaron su carrera dentro del magisterio, pero finalmente fue ella quien ocupó el espacio dejado por su antiguo mentor.
Gordillo no era una desconocida ni una creación política surgida de la noche a la mañana. Para entonces llevaba años construyendo posiciones dentro del SNTE y del PRI. Sin embargo, el cambio impulsado durante el arranque del sexenio salinista resultó determinante para llevarla a la primera línea del poder sindical.
Durante el gobierno de Salinas, el SNTE participó en una de las transformaciones educativas más importantes de aquel periodo. En 1992 se firmó el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, que trasladó a los estados buena parte de la operación de los servicios educativos que hasta entonces administraba directamente la Federación.
Pero lo que originalmente representaba una recomposición del liderazgo sindical terminó convirtiéndose en una historia política mucho más larga.
Salinas dejó la Presidencia en 1994. Elba Esther permaneció.
Su influencia atravesó los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y llegó hasta el inicio de la administración de Enrique Peña Nieto. Fue diputada, senadora, secretaria general del PRI y una de las figuras con mayor capacidad de negociación dentro del sistema político mexicano.
Incluso después de su ruptura con el PRI, su grupo mantuvo influencia política y estuvo relacionado con la construcción de Nueva Alianza, partido estrechamente vinculado durante años al sector magisterial.
La historia dio un giro particularmente simbólico en febrero de 2013. Veinticuatro años después de la caída de Jonguitud, otro presidente priista recién llegado a Los Pinos impulsaba una reforma educativa y Gordillo fue detenida por autoridades federales bajo acusaciones de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita.
Permaneció privada de la libertad durante más de cinco años. En 2018 recuperó plenamente su libertad después de que un tribunal federal determinó el sobreseimiento del proceso.
La comparación histórica resulta inevitable: Gordillo alcanzó la cima del SNTE durante el gobierno de un presidente del PRI y perdió el control que ejercía sobre el sindicato durante el gobierno de otro mandatario priista.
Carlos Salinas no construyó desde cero a Elba Esther Gordillo. Pero la caída de Jonguitud durante su gobierno abrió la puerta para que aquella dirigente magisterial comenzara una etapa de poder que terminaría marcando durante décadas la relación entre educación, sindicatos y política en México.
Salinas se fue. Elba Esther se quedó. Y la dirigente elegida para sustituir al viejo poder terminó construyendo uno propio.
