Las cenizas de la duda y un sistema que falló… ¿Quién protegió a quién?

Hablemos de esos temas que todavía duelen, de esos que no se olvidan tan fácil aunque pasen los meses.

Hay historias que no se van, que siguen ahí, incomodando, recordándonos que algo se hizo mal y que nadie ha terminado de responder.

Recordemos lo del crematorio en Ciudad Juárez. Sí, ese caso que sacudió a todo Chihuahua cuando se descubrió que en un lugar donde se suponía debía haber respeto, dignidad y cierre, solo había abandono, engaño y horror. Más de 380 cuerpos acumulados, años sin ser cremados, familias recibiendo urnas con cenizas que hoy nadie puede asegurar que correspondían a sus seres queridos. Así de fuerte, así de crudo. No fue un error aislado ni una falla momentánea, fue un sistema operando mal durante demasiado tiempo y sin que nadie lo detuviera.

El crematorio “Plenitud” operó durante años como si nada: recibía cuerpos, cobraba servicios y no cremaba. Así de simple y así de brutal. Mientras tanto, familias en duelo recibían urnas con cenizas que hoy nadie puede asegurar que correspondían a sus seres queridos. Un engaño que no solo es ilegal es profundamente inhumano.

 La pregunta sigue en el aire, dura, pesada: ¿cómo es posible que nadie se diera cuenta antes? ¿Dónde estaban las autoridades sanitarias, los controles, las revisiones? Porque esto no se hizo en un día ni en secreto absoluto, esto creció con el paso del tiempo y con la omisión de muchos.

Cuando el caso estalla, vino la reacción de manual: operativo, aseguramientos, detenidos y discursos de justicia. Todo parecía avanzar, pero conforme el proceso caminó comenzaron a notarse las grietas: errores en la integración, debilidad en las acusaciones, dudas en la forma en que se estaban armando los delitos. Lo que debió ser un caso sólido, se fue debilitando poco a poco, hasta que llegó el golpe que todavía retumba: el principal responsable quedó en libertad, y con esto el tema deja de ser solo indignación y se convierte en síntoma. Cuando un hecho de esta magnitud no logra sostenerse ante un juez, no es solo una decisión judicial, es evidencia de que algo se hizo mal desde el inicio: mal armado, mal sustentado, mal defendido.

Hoy el enfoque tiene que ir más allá, porque ya no es solo lo que pasó, es por qué no ha pasado nada como debería. Mientras las familias siguen esperando justicia, el principal responsable está libre, y entonces la pregunta es directa, sin rodeos: ¿Quién protegió a quién? ¿Dónde estuvo la falla? ¿En la investigación, en la integración del caso, en la forma en que se acreditaron los delitos o en cómo la Fiscalía defendió el proceso ante el juez? Esto no es un caso menor ni un expediente cualquiera, había elementos suficientes para sostener una acusación fuerte y, aun así, el caso se debilitó. Cuando un caso así se cae o se tambalea, no es casualidad: alguien hizo mal su trabajo.

¿Y la Fiscalía qué dice hoy? Habla de que el proceso sigue, de que la investigación continúa, de que se están ajustando líneas, revisando pruebas, afinando la estrategia. En la calle eso se entiende distinto: van corrigiendo sobre la marcha lo que no se hizo bien desde el principio, y eso cuesta tiempo, credibilidad y justicia. Mientras se ajustan expedientes, las familias siguen en el limbo, con la duda más dolorosa de todas: si realmente despidieron a su gente o si fueron víctimas de uno de los fraudes más crueles que existen.

L otra pregunta clave que no se puede esquivar: ¿Solo la Fiscalía es responsable? Porque este caso no nació el día del operativo. ¿Dónde estaban las autoridades sanitarias que debían supervisar? ¿Quién verificaba que ese crematorio operara conforme a la ley? ¿Quién revisaba los procesos, los tiempos, los permisos? Para que algo así ocurra durante años no basta con un solo responsable, se necesita una cadena completa de omisiones.

El problema crece, porque ya no es solo un dueño de crematorio, es un sistema que no vigiló, una autoridad que no detectó, una investigación que no se sostuvo y una justicia que, hasta hoy, no ha logrado responder a la altura del daño. No solo se lucró con la muerte, se jugó con el duelo, con la memoria y con la dignidad de cientos de familias y eso no se borra.

Mientras todo esto se discute en oficinas, expedientes y tribunales, hay algo que no se puede ignorar: las familias. Para ellos este caso no es mediático, no es político, no es jurídico, es personal. Son madres, padres, hijos, hermanos que confiaron en un sistema para despedirse de sus seres queridos y hoy viven con la duda más cruel de todas: si realmente lo hicieron. No hay cierre, no hay certeza, no hay paz, solo hay duelo, y el duelo cuando está contaminado por la duda, no sana, se queda abierto. Entre tanto las autoridades hablan de procesos y ajustes, ellos siguen esperando algo mucho más simple y mucho más difícil de conseguir: verdad.

Cuando el negocio de la muerte crece sin control y la justicia no alcanza para castigar a los responsables, el problema deja de ser un solo lugar, el problema es todo lo que lo permitió.

Martillazooo final

En Ciudad Juárez no solo se descubrió un crematorio lleno de cuerpos, se descubrió un sistema lleno de fallas. Falló la vigilancia, falló la autoridad, falló la investigación y falló la justicia. C

Cuando el responsable sale libre, la pregunta ya no es quién lo hizo, la pregunta es quién dejó que pasara y quién no supo castigar cuando tuvo la oportunidad.

Cuando ni los muertos pueden descansar en paz, es porque los vivos fallaron en todo.

MARTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir.

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