Tal parece que en el estado de Chihuahua el poder se ha acostumbrado a gobernar a través de símbolos: Un listón que se corta, un bache que se graba y una selfie que se publica. Aquí el problema no es el símbolo, el problema es cuando el símbolo sustituye al resultado. Pero vámonos punto por punto:
El aeropuerto de Creel y la política de “cortar listón” sin resultados… El Aeropuerto de Creel, Barrancas del Cobre, arrancó operaciones el 31 de enero de 2024, ya se cumplieron 2 años de aquel súper evento vendido como una obra “estratégica” para detonar el turismo en la Sierra Tarahumara.La postal fue impecable adornada con un ambicioso cuento y con una inversión pública enorme entre los 826 y 850 millones de pesos.Pero la bronca nunca fue si la pista se mira bonita ni si el proyecto luce bien en la foto oficial, la bronca es si realmente es funcional, si mueve gente, si genera derrama, si justifica el dinero público invertido.
Cuando la autoridad presume “capacidad”, pero el reto real es atraer vuelos y el flujo de usuarios es bajo, lo que tenemos no es un detonador turístico: es infraestructura buscando propósito. Un aeropuerto turístico no se justifica por el corte de listón, se justifica por tener rutas activas con frecuencias constantes y una ocupación sostenida, escenario que no existe a la fecha.
Para MARTILLAZOOO! el problema es estructural: no se aseguró —o peor aún, no se planeó— un esquema serio de acuerdos con aerolíneas, ni paquetes integrados con hotelería, operadores turísticos y transporte terrestre, ni una estrategia de promoción con metas claras, indicadores medibles y evaluación de resultados.
En términos simples: se construyó la pista antes de asegurar el vuelo, y ahora nadie quiere hacerse cargo de que el avión no llega.
El peso es mayor porque este proyecto se arrastró durante años y enfrentó frenos judiciales ligados a comunidades indígenas. Eso obligaba —por responsabilidad política y social— a que el resultado final fuera impecable, transparente y con resultados medibles. No había margen para improvisaciones. Hoy, el fracaso operativo pesa el doble.
Y aquí estamos para dar nombres, la responsabilidad tiene nombre y apellido. El secretario de Turismo del estado, Edibray Gómez Gallegos no puede seguir escondiéndose detrás de la postal turística ni del discurso optimista. Este aeropuerto no es herencia incómoda ni problema ajeno: es una obra que Turismo presume, promueve y utiliza como bandera. No es tiempo de vender expectativas, es tiempo de entregar números.
¿Dónde están las rutas? ¿Dónde las frecuencias? ¿Dónde la ocupación promedio? ¿Dónde la derrama turística que justifique semejante inversión? El silencio administrativo no es prudencia, es omisión.
Porque cuando se presume infraestructura pero no se presentan buenos resultados; cuando se habla de potencial pero no de pasajeros; y cuando se invierte más en anuncios que en estrategia, lo que queda no es turismo: es simulación institucional.
Así, el Aeropuerto de Creel corre el riesgo de pasar a la historia no como motor de desarrollo, sino como otro recordatorio de una política vieja y conocida: mucho presupuesto para el anuncio, poco trabajo para el despegue, y otro símbolo más de “cortar listón” sin resultados.
Juárez no es bache ni torre: es el centro del pulso político… En política, cuando un gobernador(a) se detiene, saca el celular y convierte un bache en video, no está documentando un incidente, está enviando un mensaje.Maru Campos apareció con gesto serio, llanta dañada y una escena que conectó de inmediato con el sentir ciudadano. No habló de ingeniería vial ni de programas de mantenimiento; habló desde el símbolo más reconocible del desgaste urbano: las calles.
El video no se volvió tema por quién lo grabó, sino por lo que representó. Juárez conoce los baches, los padece y los paga. Aquí el bache no fue el tema, fue el detonante. Activó un debate más profundo sobre responsabilidades, tiempos y prioridades en la ciudad más estratégica del estado. Juárez no es un municipio más, es frontera, es padrón y es termómetro electoral. Por eso, cualquier mensaje que se lance aquí rebota en clave de poder, no de trámite administrativo.
El alcalde Cruz Pérez Cuéllar respondió rápido y decidió mover el eje del debate hacia la Torre Centinela. Y aquí es donde conviene poner orden: Centinela no es una torre, es una plataforma integral de seguridad de alta tecnología de punta, en fin, hay quien no le entiende y hay quien no le quiere entender. Reducirla a una imagen vertical es muy sencillo, hablar de lo que realmente es, para algunos es complicado.
La respuesta del alcalde no fue sobre vialidades, fue sobre prioridades presupuestales y enfoque del gasto público, cambió el símbolo y cambió el cuento.
El intercambio dejó claro algo: Un bache puede representar abandono urbano y una plataforma puede representar inversión en seguridad. Ambos son símbolos poderosos, ambos funcionan en video, ambos movilizan emociones y ambos confirman que, en esta etapa, la narrativa pesa tanto como la obra.
Mientras los símbolos se enfrentan, la ciudad sigue lidiando con problemas que no caben en un clip: movilidad, seguridad, servicios, planeación. Juárez no necesita que sus problemas se reduzcan a imágenes convenientes, necesita que se entiendan completos y se atiendan de fondo.
Y mientras tanto, la capital… Aquí es donde el cuadro se completa. El alcalde de Chihuahua capital, Marco Bonilla, gobierna desde la burbuja, como ya lo hemos dicho en varias ocasiones, en la suave, sin sobresaltos visibles. Por la mañana, acto cómodo en Chihuahua capital y por la tarde, selfie y festejo en Anapra, Ciudad Juárez. Brincando de evento en evento, de foto en foto, como si gobernar fuera agenda social y no responsabilidad de tiempo completo. La pregunta es inevitable, aunque incomode: si descuida la capital que gobierna por construir presencia fuera de su municipio, ¿qué garantías hay de que cuidaría al estado entero?
Gobernar no es turismo político, no es ir a donde conviene la foto y regresar cuando el reflector se apaga. Chihuahua capital no es una oficina que se deja encargada mientras se juega a la proyección estatal. La duda ya está sembrada: si por una colonia de Juárez se permite descuidar la ciudad que le dio poder, ¿qué confianza puede haber en que no haría lo mismo con todo el estado de Chihuahua?
El problema no es Anapra, es la ligereza, la desconexión, la sensación de que gobierna como quien no tiene nada que perder… ni nada urgente que atender. Y cuando un político empieza a vivir como si ya no necesitara rendir cuentas, casi siempre ocurre lo mismo: el poder se le sube antes de que le alcance.
Martillazooo final…
Juárez no es un bache ni una torre y Chihuahua no es un listón. Los símbolos sirven para abrir conversación, pero los resultados se construyen fuera de cámara. Porque al final, más allá del video, el anuncio y la selfie, el estado sigue ahí.
MARTILLAZOOO!
