“Y toda alma viviente que nadare por dondequiera entraren estos dos ríos, vivirá.” Ezequiel 47:9
Hay temporadas en las que algunas áreas de nuestra vida parecen un Mar Muerto.
Lugares donde antes existía entusiasmo y ahora solamente queda cansancio. Sueños que alguna vez estuvieron llenos de esperanza y hoy parecen detenidos. Relaciones que se enfriaron. Una fe que quizá sigue ahí, pero ya no arde como antes.
Y entonces aparece esta imagen extraordinaria de Ezequiel: un río que lleva vida a donde antes parecía imposible encontrarla.
El profeta contempla agua que sale del templo y comienza a crecer. Primero llega a los tobillos, después a las rodillas, luego a la cintura, hasta convertirse en un río tan profundo que solamente podía cruzarse nadando.
Y por donde pasaba, algo sucedía:
VOLVÍA LA VIDA.
No era el lugar el que producía el milagro.
Era el agua que llegaba hasta él.
Quizá ahí está el mensaje que necesitamos esta mañana.
NO TODO LO QUE HOY PARECE SECO EN TU VIDA ESTÁ CONDENADO A PERMANECER ASÍ.
Dios todavía puede llevar vida donde nosotros solamente vemos desgaste.
Puede restaurar la esperanza.
Puede despertar nuevamente un propósito.
Puede sanar relaciones.
Puede renovar fuerzas.
Puede hacer florecer aquello que llevábamos demasiado tiempo considerando perdido.
Pero existe otro detalle poderoso: el agua seguía aumentando.
Ezequiel pudo haberse quedado donde apenas cubría sus pies. Era cómodo. Seguro. Controlable.
Pero el río continuaba.
Y llega un momento en nuestra relación con Dios donde también debemos decidir si queremos permanecer solamente en la orilla o entrar más profundo.
HAY UNA DIFERENCIA ENTRE TOCAR EL AGUA Y APRENDER A NADAR EN ELLA.
Podemos conocer de Dios sin entregarnos completamente a Él.
Podemos escuchar Su Palabra sin permitir que transforme nuestras decisiones.
Podemos orar únicamente cuando tenemos problemas.
Podemos acercarnos lo suficiente para sentir tranquilidad, pero no tanto como para permitir que Dios cambie aquello que necesita cambiar.
Tal vez hoy necesitamos ir más profundo.
Más oración.
Más confianza.
Más obediencia.
Más gratitud.
Más tiempo con Dios.
Menos control.
Porque mientras más profundo entramos, menos podemos depender únicamente de nuestras propias fuerzas.
Y justamente ahí comienza la verdadera confianza.
El pasaje también nos deja una imagen hermosa: por donde llegaba el río, había vida.
Entonces vale la pena preguntarnos:
¿Qué sucede por donde nosotros pasamos?
¿Llevamos paz o conflicto?
¿Esperanza o desánimo?
¿Ayudamos a levantar o solamente señalamos lo que está mal?
¿Nuestra presencia acerca a otros a Dios?
Quien ha recibido agua viva también puede convertirse en alguien que lleve vida a otros.
DIOS NO SOLAMENTE QUIERE HACERTE VIVIR. QUIERE QUE ALGO DE ESA VIDA ALCANCE A QUIENES ESTÁN A TU ALREDEDOR.
Tal vez existe alguien en tu familia que necesita esperanza.
Un amigo que está atravesando un momento difícil.
Una persona que necesita escuchar que todavía puede comenzar nuevamente.
No necesitas resolverle la vida.
A veces basta con permitir que el río pase también por ti.
Una palabra.
Una llamada.
Una oración.
Una ayuda.
Una presencia sincera.
Y si hoy eres tú quien se siente seco, cansado o detenido, vuelve a la fuente.
No te conformes con mojar solamente los pies.
Entra.
Confía.
Avanza.
Sumérgete.
PORQUE DONDE EL RÍO DE DIOS LLEGA, HASTA LO QUE PARECÍA MUERTO PUEDE VOLVER A TENER VIDA.
ORACIÓN
Señor, hay áreas de mi vida que necesitan nuevamente de Tu agua viva. Entra en aquello que se ha secado, renueva mi fe, restaura mis fuerzas y despierta nuevamente el propósito que has puesto en mí. No permitas que me conforme con permanecer en la orilla; llévame a una relación más profunda contigo. Que Tu vida también alcance a mi familia, a mis amigos y a cada persona que pongas en mi camino. Hazme instrumento de esperanza, paz y bendición. Y donde parezca que ya nada puede florecer, muéstrame una vez más que para Ti todavía existe vida. En el nombre de Jesús. Amén.
NO DECLARES MUERTO AQUELLO A DONDE DIOS TODAVÍA PUEDE HACER LLEGAR SU RÍO. DONDE ÉL ENTRA, LA SEQUEDAD NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA: VUELVE LA VIDA.
QDTB SIEMPRE.
Lo mejor está por venir.
