Pa´peleoneras, la política ya está llena…lo que falta es liderazgo.
En la política de Chihuahua hay una línea muy clara entre señalar con responsabilidad y vivir del pleito. Hoy, esa línea parece haberse desdibujado con la dirigente estatal del PAN, Daniela Álvarez, quien ha convertido el choque constante con el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, en el eje central de su presencia pública.
Y hay que decirlo como es: criticar al poder no solo es válido, es necesario. Daniela ha puesto sobre la mesa temas sensibles como el posible nepotismo, el uso de recursos públicos y la exigencia de legalidad. Eso suma, incomoda y obliga a dar explicaciones. Ahí hay un acierto real, y negarlo sería deshonesto. El problema no es qué dice, el problema es cómo y para qué lo está haciendo.
Porque cuando la crítica se vuelve repetitiva, reactiva y personalista, deja de ser estrategia y se convierte en ruido. Ruido que desgasta, pero no construye. Ruido que genera titulares, pero no estructura. Ruido que entretiene un día, pero no gana elecciones.
Mientras el intercambio de declaraciones sube de tono, otros partidos están avanzando sin hacer tanto escándalo: Están caminando colonias, están armando estructura, están sumando liderazgos locales, están leyendo mejor el territorio rumbo al 2027. Y ahí es donde el PAN empieza a perder tiempo valioso.
Porque no basta con denunciar desde el micrófono, hay que competir desde el suelo. No basta con aparecer en videos y notas, hay que aparecer en resultados.
La percepción que se empieza a formar es peligrosa: una dirigencia más concentrada en el pleito diario que en la construcción de un proyecto político sólido para Chihuahua.
A esa percepción se suma un hecho incómodo que vino desde dentro del propio PAN.
Cuando el coordinador de los diputados panistas, Alfredo Chávez, declaró públicamente que la gobernadora María Eugenia Campos Galván es “la capitana de Acción Nacional” en Chihuahua, el mensaje fue claro, aunque después intentara matizarlo.
Porque cuando se dice que “la dirigencia es Daniela, pero el proyecto lo encabeza la gobernadora”, lo que se está admitiendo es una realidad política difícil de ignorar:
Daniela es la dirigente formal, pero no es quien conduce el rumbo del partido.
Eso explica muchas cosas, explica por qué la presidenta estatal aparece fuerte en el discurso hacia afuera, pero diluida en las decisiones internas, explica por qué se insiste en negar los “dedazos”, justo cuando los nombramientos estratégicos se anuncian bajo el amparo del poder estatal, y explica por qué Daniela termina siendo más vocera del conflicto que jefa política de su propio partido. Mientras hacia afuera confronta, hacia adentro le marcan el territorio.
Daniela tiene visibilidad, tiene posición y tiene capacidad, pero también arrastra errores que ya pesan: Personalizar la confrontación, apostar al desgaste del rival sin fortalecer su propia casa, confundir presencia mediática con liderazgo real
Y seamos claros: para mujeres peleoneras, la política mexicana ya está llena. Eso ya no sorprende ni convence, lo que hace falta son liderazgos que organicen, propongan y den resultados, no solo que respondan rápido en redes.
El riesgo es alto. Si el PAN sigue atrapado en la lógica del pleito y no en la de la estrategia, el 2027 no va a perdonar. La gente no vota por quien grita más fuerte; vota por quien se ve trabajando, resolviendo y entendiendo la realidad del estado.
Martillazooo final
Daniela Álvarez todavía está a tiempo, a tiempo de dejar la política del choque y asumir la política del liderazgo, a tiempo de entender que no se construye una opción de poder a base de gritos, sino de organización, rumbo y trabajo real.
Porque señalar al alcalde todos los días no te convierte automáticamente en alternativa.
Porque vivir del conflicto no sustituye la falta de resultados en territorio. Y porque Chihuahua no se gana desde un micrófono, se gana desde la calle… y desde casa.
Si alguien cree que el desgaste de Cruz Pérez Cuéllar, por sí solo, abrirá la puerta del 2027, está leyendo mal el tablero. La política no premia la insistencia vacía; premia la constancia con proyecto.
El mensaje es directo y sin rodeos: Menos protagonismo personal, más proyecto político, menos chisme, más estructura.
Porque si no cambia el fondo, aunque tenga razón en la forma, la historia la va a alcanzar. Y cuando llegue el momento de los votos, no bastará con decir “yo lo advertí”, si no puede decir “yo construí”.
Aquí no se trata de callar voces, se trata de demostrar liderazgo.
MATILLAZOOO!
