05
Ene
Durante años, una historia recorrió pasillos médicos y conversaciones populares como una leyenda urbana inquietante: un gato llamado Oscar, residente de un asilo de ancianos en Rhode Island, parecía anticipar la muerte. Se acurrucaba junto a ciertos pacientes y, horas después, esos pacientes fallecían. El fenómeno fue tan constante que médicos y enfermeras comenzaron a avisar a las familias cuando Oscar elegía una cama. Para muchos, la explicación era sencilla —y oscura—: algo paranormal. Un supuesto “ángel de la muerte” con bigotes. Pero la realidad, como suele ocurrir, resultó mucho más científica… y más impresionante. No es magia, es biología…
