06
Jun
Estados Unidos.- En un deporte donde la disciplina y el control mental suelen marcar la diferencia, pocos peloteros han construido una reputación tan intensa como la de Max Scherzer, uno de los lanzadores más dominantes y temperamentales de las últimas décadas. Reconocido por sus característicos ojos de distinto color —uno azul y otro marrón debido a una condición llamada heterocromía—, Scherzer se ganó el respeto del béisbol profesional no solo por sus números, sino por una personalidad competitiva llevada al extremo. Desde sus años universitarios ya era conocido por su intensidad. Compañeros y entrenadores recuerdan a un joven lanzador obsesionado…
