21
Ago
Diversos estudios en psicología infantil advierten que los niños que crecen en entornos donde se les grita constantemente tienen mayor probabilidad de desarrollar problemas como ansiedad o depresión. Especialistas señalan que, aunque los gritos pueden detener una conducta en el momento, generan miedo en lugar de comprensión, provocando que el cerebro del menor entre en estado de alerta en vez de aprendizaje. Este tipo de reacciones incrementa los niveles de estrés y puede afectar el desarrollo emocional, dificultando que los niños construyan confianza, autoestima y habilidades para manejar sus emociones. En contraste, una comunicación tranquila y constante permite que el…
