En un parque cualquiera de Chihuahua y de otras muchas ciudades, mientras unos niños corren, ríen y levantan globos, hay otro que solo observa. No está jugando, no está festejando, no está en la fila, está afuera, viendo cómo se celebra algo que también debería ser suyo. No trae dulces, no trae regalo, no trae infancia completa, trae algo más pesado: realidad.
Ese niño no salió en la foto, no apareció en el video, no fue parte del evento que mañana va a llenar las redes de sonrisas y discursos bien acomodados, pero existe. Lo más preocupante es que no es solo uno, son miles. Están en colonias donde el ruido no es de juegos cotidianos, el ruido es de problemas, están en casas donde el silencio no es paz, es preocupación, están en vidas donde crecer no fue opción, fue obligación.
En tanto algunos celebran la infancia, otros ya la perdieron sin haberse dado cuenta.
Hay niños que ya saben lo que es el miedo, niños que entienden discusiones que no les deberían haber tocado, niños que aprendieron a no pedir porque saben que no hay, niños que dejaron de imaginar porque la cruda y triste realidad les ganó primero.
Aun así, llega el Día del Niño, y con él los eventos, los discursos, las fotos, los aplausos, todo perfecto, todo ordenado, todo listo para publicarse como si con eso bastara, pero sabemos que no basta. La infancia no se maquilla con un evento, no se repara con una bolsita de dulces, no se rescata con una foto bien tomada, la infancia se protege o se pierde, y en Chihuahua, como en muchas otros estados y ciudades, hay quienes la están perdiendo mientras todos fingen que no pasa nada.
Resulta más fácil aplaudir un festejo que cuestionar una realidad, es más cómodo compartir una foto que hacerse responsable de lo que hay detrás, es más sencillo celebrar un día que responder por todo el año, y también, porque no todos los que deberían estar cuando las cosas se complican, permanecen en la foto.
El problema no desaparece, se acumula, se forma en silencio, crece en abandono, se convierte en historias que nadie quiso ver a tiempo. Cada niño que hoy queda fuera de la foto no solo está perdiendo su infancia, está formando la raíz de un futuro que después nadie va a entender por qué salió así, y cuando ese futuro llegue ya no va a haber globos que lo tapen.
No se necesitan más eventos perfectos, se necesitan menos realidades rotas, se necesita dejar de simular, se necesita dejar de voltear la cara, se necesita entender que cuidar a un niño no es un gesto, es una obligación que se cumple o se falla, y hoy estamos fallando.
Martillazooo final
El problema no es el niño que sonríe en la foto, el problema es que nunca tuvo la oportunidad de estar en ella.
Tampoco resulta ser casualidad cuando, en medio del problema, hay quienes simplemente dejan de aparecer en la foto, y no precisamente hablamos de niños. Una cosa es no ser visto y otra muy distinta es desaparecer cuando toca estar en ella. Cuando esto sucede ya hablamos de omisión, hablamos de responsabilidad, más bien, la falta de esta.
El que entendió entendió.
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir.
