En el Estado de Chihuahua se vive con una contradicción muy rara, por un lado, la charla oficial habla de contención, de estrategia, de coordinación. Por el otro, en la calle siguen sonando las historias de ejecuciones, de desplazamientos y de miedo en la Sierra. Esto no significa que el estado esté incendiado, pero de ninguna manera está tranquilo. Ese es el tema.
En la capital y en Juárez se presume que los números mejoran, que ciertos rankings internacionales ya no nos ponen en los primeros lugares de violencia. Hay que preguntarles a las familias que tuvieron que salir de Guadalupe y Calvo si están de acuerdo con esas estadísticas. Lo que sí es verdad que salieron porque los grupos armados volvieron a pelear territorio. Hay que preguntarle al comerciante que revisa todos los días cuánto tardan los cruces internacionales porque cada hora en fila es dinero que no entra. Hay que preguntarle al pequeño empresario que escucha la palabra “incertidumbre” y comienza a congelar inversiones.
La seguridad no es solo un tema policial, es un tema económico. Cuando se genera la percepción de riesgo se frena la inversión, se encarece la operación, se ajustan planes de expansión y se piensa dos veces antes de apostar. Chihuahua vive mucho de su músculo industrial y fronterizo por lo que cualquier tensión en seguridad se traduce en números.
Mientras los indicadores se defienden en conferencias, en privado ya se hacen cálculos políticos. Nadie lo dice abiertamente… pero es por demás sabido que el 2027 ya empezó y no ahorita, desde hace rato. Se miden discursos, se cuidan tonos, se posicionan perfiles.
Hay que estar muy atentos, aquí, en la carrera que todos quieren correr, la seguridad será el eje, la economía será el argumento, y la percepción será el campo de batalla.
El gobierno necesita sostener estabilidad, la oposición necesita demostrar fragilidad, los “suspirantes” necesitan no equivocarse o equivocarse lo menos que puedan.
Por lo pronto la Sierra vuelve a aparecer en el mapa. Entendamos que Chihuahua no es solo la capital, no es solo Juárez, es también lo que pasa lejos del reflector.
No estamos en el peor momento, pero tampoco en uno que permita relajarse. Chihuahua camina en una línea delgada entre “vamos mejorando” y “no nos confiemos”. Esa línea se vuelve más delgada cuando hay elecciones en el horizonte.
No podemos cantar victoria, sabemos que en la política la percepción pesa tanto como el dato, y también sabemos que, en economía, la confianza pesa más que cualquier discurso.
No estamos diciendo que la estrategia no existe, si hay estrategia, pero… ¿Nos alcanzará esa estrategia antes de que el tiempo empiece a pesar más que los resultados?
Martillazooo final
Cuando la política se concentra en ganar la estelaridad de la novela y los ciudadanos solo quieren ganar tranquilidad, algo no está cuadrando.
En Chihuahua no necesitamos discursos optimistas ni alarmistas, necesitamos resultados que no tengan que explicarse tanto.
En los próximos meses, no va a ganar quien grite más fuerte, va a ganar quien logre que la gente deje de caminar con cautela. Hoy…esa cautela sigue aquí y late muy fuerte.
MARTILLAZOOO!
