Si nos ponemos a hablar de política es por demás sabido que las diferencias son normales, las críticas también y la confrontación ideológica es parte del juego. Lo que no es parte del juego es la misoginia. ¿Qué es la misoginia? En palabras claras es cuando a una mujer se le insulta por ser mujer, se le ridiculiza por su cuerpo, embarazo o apariencia, se le descalifica con estereotipos, es cuando se le reduce su valor por su género.
En la ciudad de Chihuahua un funcionario municipal cruzó una línea. No fue una postura política, no fue un debate técnico. Fue un comentario ofensivo contra una mujer y figura pública: Andrea Chávez. Cuando un servidor público se equivoca así, el problema deja de ser personal y se vuelve institucional.
Aquí había dos caminos: Minimizar o actuar.
El alcalde Marco Bonilla pudo decir que fue solamente una opinión, pudo dejar que la polémica se diluyera en el ruido digital, pudo escudarse en un procedimiento largo. No lo hizo y decidió actuar.
Primero condenó públicamente el comentario, después ordenó revisión interna y finalmente separó del cargo al funcionario. En menos de 48 horas hubo consecuencia. Es importante mencionar que en la política el tiempo importa, importa mucho. Cuando el jefe tarda en actuar, parece que protege. Cuando el jefe actúa, manda mensaje.
Aquí el mensaje fue claro: La misoginia no tiene cabida en el gobierno municipal. No importa si la mujer es de Morena, del PAN o sin partido, no importa si hay diferencias ideológicas profundas. Hay límites y se tienen que respetar, y todo funcionario que no entienda esos límites no puede representar a la institución.
Ahora bien, en la política local ninguna decisión ocurre en el vacío, cada movimiento construye perfil, cada reacción deja huella. En una etapa donde comienzan a perfilarse aspiraciones rumbo al 2027, el liderazgo no se mide solo en discursos, sino en la capacidad de asumir costos y poner orden dentro de casa.
Martillazooo final
La firmeza ante errores internos no es un detalle menor, es una señal. No convierte a nadie en héroe. No borra pendientes de gobierno, pero sí habla de mando, control y límites claros. En una carrera donde el carácter pesará tanto como los números, ese tipo de decisiones no pasa desapercibido.
Porque el poder no se demuestra cuando todo va bien, se demuestra cuando uno de los tuyos se equivoca. Y esta vez, el jefe respondió.
MARTILLAZOOO!
