Hay frases que delatan más de lo que explican y hay declaraciones que no nacen de la estrategia, sino del nervio. Cuando Alejandro Domínguez dice que “si gana Morena, el PAN va a terminar en la cárcel”, no está leyendo el escenario político: está exhibiendo el pánico del PRI en Chihuahua.
Y sí, aquí va el carbon pero del que arde. El PRI no está advirtiendo un riesgo democrático, está confesando su propia fragilidad. Porque cuando un partido tiene proyecto, habla de ideas. Cuando tiene liderazgo, habla de rumbo. Cuando tiene fuerza, habla de futuro. Pero cuando no tiene nada de eso, habla de cárcel.
Eso hizo Domínguez. No fue un error, fue peor: fue un reflejo. Reflejo de un PRI que ya no convence, que ya no encabeza y que hoy solo sabe asustar para sobrevivir. Decir que habrá persecución si pierden el poder es aceptar, implícitamente, una de dos cosas: o que saben que hicieron cosas que no resisten auditoría, o que ya no confían ni en la justicia ni en su propio legado. Cualquiera de las dos es grave, las dos juntas son demoledoras.
El PRI de Chihuahua, en voz de su dirigente, no defendió al PAN, lo usó, lo chantajeó políticamente con una frase venenosa: “si no vamos juntos, te va a ir mal”.
Eso no es alianza, eso es extorsión política disfrazada de advertencia. Y aquí viene lo que más duele leer, pero más duele aceptar: El PRI ya no compite contra Morena, compite contra su irrelevancia. Por eso necesita sembrar miedo, por eso necesita hablar de cárcel, por eso necesita inventar escenarios apocalípticos donde ellos sigan siendo necesarios.
Y no es solo una lectura desde la crítica, desde el propio gobierno del estado llegó una frase que lo resume todo, la gobernadora Maru Campos fue directa al referirse a Domínguez: “Vive en un mundo irreal que no conoce.” Cuando desde el poder se dice eso, el problema ya no es el tono, es la desconexión.
Pero ojo, y aquí va la precisión que incomoda a muchos: No todos los priistas son iguales. En Chihuahua todavía hay priistas con oficio, con calle, con sentido institucional. Priistas que no juegan al chantaje. Priistas que no confunden política con amenaza. Priistas que entienden que la alternancia no es castigo, sino parte de la democracia.
A ellos no los representa este discurso, a ellos les estorba.
Y sí, vale decirlo claro: pronto estaremos hablando de esos perfiles, de los que aún son rescatables, de los que no se esconden detrás del miedo ni usan la cárcel como argumento electoral.
Porque el problema del PRI no es su militancia completa, el problema es quién lo dirige y cómo lo representa.
Alejandro Domínguez no “calculó mal”, se pasó de la raya. Porque al decir eso no incomodó a Morena, no debilitó al PAN, no fortaleció al PRI. Hizo algo peor: confirmó la narrativa de que el viejo PRI solo sabe gobernar desde el temor y el control.
Y cuando un dirigente dice en voz alta lo que debería callar, cuando convierte el miedo en discurso, cuando sustituye la política por la amenaza, solo hay una lectura posible: Ahí no hay liderazgo, hay desesperación.
Martillazooo final
Este MARTILLAZOOO no es para Morena, no es para el PAN, es para el PRI de Chihuahua. Para que se miren al espejo, para que distingan entre siglas y personas y para que, cuando Alejandro Domínguez lo lea, no se enoje, no lo niegue, no lo descalifique, es para que solo piense, en silencio: “La cagué”.
