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Sep
Dicen que en un bosque vivía un chango que con los años había desarrollado una habilidad extraordinaria: podía detectar las colas ajenas desde la rama más alta. No importaba dónde estuviera ni qué estuviera haciendo, bastaba con que algún animal destacara, recibiera ayuda, consiguiera un lugar importante o simplemente comenzara a llamar la atención para que el chango apareciera brincando entre los árboles. —¡Miren la cola del conejo! Al día siguiente era el venado. —¡Que explique cómo llegó hasta ahí! Después le tocaba a la ardilla. —¡Pregúntenle quién la ayudó! Si algún animal recibía el respaldo de otro más poderoso,…
