NO basta con querer regresar… No hay peor ciego que el que no quiere ver…¿Quién pagará la factura?

Toda apuesta tiene una característica muy particular: puede ganarse, puede perderse, pero lo único imposible es evitar sus consecuencias. Las dos entregas anteriores de este MARTILLAZOOO hablaron del personaje, hablaron de quienes le hicieron creer que regresar era una buena idea. Ahora toca hablar de algo mucho más interesante: la factura. En la “la polaca” las apuestas también se cobran, a veces se cobran en votos, a veces en credibilidad, a veces en espacios perdidos, a veces en oportunidades desperdiciadas, y en ocasiones se cobran en algo todavía más costoso: el tiempo. El tiempo, ese recurso que ningún político puede recuperar una vez que se fue.

Por lo pronto, algunos siguen intentando revivir proyectos que ya fueron evaluados por la ciudadanía, otros más avanzan silenciosamente, construyen estructura, generan presencia y de la buena, recorren territorio, acumulan posicionamiento, tejen relaciones, aprovechan cada semana que les regala el calendario político. La política no se detiene, no espera, no hace pausas para nadie, mucho menos para quienes siguen intentando convencer a la gente de olvidar aquello que todavía recuerda perfectamente, y si piensan otra cosa nomás pregunten a los Juarenses si ya olvidaron los 386 cuerpos del crematorio.

La memoria sigue ahí, los expedientes siguen ahí, las preguntas siguen ahí, as explicaciones incompletas siguen ahí., los capítulos inconclusos siguen ahí, y lo más importante de todo: la gente sigue ahí observando, escuchando, comparando, sacando conclusiones. En esta etapa la discusión ya no gira alrededor de si alguien puede regresar, ni siquiera alrededor de quién le recomendó hacerlo. La pregunta real es esta: ¿Cuánto está costando esa apuesta?

Cada semana invertida en una estrategia equivocada es una semana que deja de invertirse en una correcta, cada esfuerzo destinado a justificar el pasado es un esfuerzo que deja de construirse hacia el futuro, cada recurso utilizado para revivir una historia desgastada es un recurso que deja de fortalecer una historia nueva. Esas facturas siempre terminan llegando de diferentes maneras, a veces llegan cuando ya es demasiado tarde para corregir el rumbo.

Hablemos de otro factor que el “flamante pseudo equipo” parecen estar dejando fuera de la ecuación: la oposición. Están clavados en construir el regreso, mientras que del otro lado seguramente ya hacen cuentas distintas. La política moderna se parece cada vez más a una auditoría permanente. Todo se revisa, todo se documenta, todo se archiva, todo se utiliza, y si algún día llega el momento de una candidatura formal, nadie debería sorprenderse si reaparecen capítulos que muchos daban por superados. Los adversarios políticos no suelen desperdiciar oportunidades, mucho menos cuando se trata de expedientes conocidos por la opinión pública, mucho menos cuando se trata de historias que todavía generan preguntas, mucho menos cuando se trata de temas que siguen vivos en la memoria de todos. El misil está listo para lanzarse y sin error de pegar en el objetivo.

Llegado ese momento, más de uno podría terminar repitiendo aquella famosa frase del Chapulín Colorado: “Oh, ¿y ahora quién podrá defenderme?”. Lo más interesante de todo es que en “la polaca” casi nunca aparece el Chapulín Colorado, UPS!. Cada quien termina defendiendo su propia historia.

De por sí el terreno ya viene agrietado, no precisamente por el intento de regresar. Las grietas vienen de mucho antes, como ya lo mencionamos, expedientes abiertos en la memoria colectiva, preguntas sin responder, capítulos que se niegan a desaparecer. Sobre este terreno resulta complicado construir algo sólido, lo más probable es que termine rompiéndose aquello que ya venía resquebrajado.

Pasemos a la interrogante más interesante y más importante, si esta apuesta realmente cuenta con respaldo en las alturas, situación que no creemos pueda suceder. Una cosa es que un grupo quiera impulsar una candidatura, otra muy distinta es que quienes toman las decisiones más importantes compartan el mismo entusiasmo. Al final, toda candidatura relevante termina necesitando algo más que ganas, necesita aval, necesita confianza, necesita respaldo. La ausencia de cualquiera de esas tres cosas suele terminar pesando más que cualquier encuesta.

La necedad de unos y la ambición de otros suelen ser una combinación peligrosa, tanto que, en ocasiones, terminan nublando la capacidad de leer correctamente la realidad. No sorprendería que, ante la falta de espacio, empezaran a buscar nuevos horizontes. La pregunta es si esos horizontes realmente representan una oportunidad o solamente una salida de emergencia. Sabemos que cambiar de partido, de grupo o de bandera no necesariamente cambia la percepción que la ciudadanía ya tiene formada. Cuando un proyecto llega a su límite, rara vez encuentra crecimiento simplemente cambiando de dirección.

Lo verdaderamente sorprendente no es que algunos operadores sigan empujando la apuesta, lo verdaderamente sorprendente sería pensar que un personaje con tantos años en la política no alcance a ver lo que muchos otros ya observan. Con tanto colmillo acumulado, tantas campañas recorridas y tantos años dentro del servicio público, resulta difícil creer que las señales hayan pasado desapercibidas. A estas alturas solo quedan dos posibilidades: o alguien le sigue vendiendo un escenario que existe únicamente dentro de ciertas reuniones de estrategia, o simplemente decidió ignorar todo aquello que no coincide con lo que quiere escuchar. Llega un momento en que los elogios dejan de ser análisis, las porras dejan de ser estrategia, y los espejos terminan sustituyendo a las ventanas.

Hay quienes creen que perder una elección es el peor escenario posible, no necesariamente. En ocasiones el peor escenario consiste en descubrir demasiado tarde que nunca existieron condiciones reales para competir, en ocasiones el problema no es la derrota, el problema consiste en todo lo que se sacrificó intentando evitarla: el tiempo, el capital político, los recursos, las oportunidades, la atención que pudo haberse invertido en construir algo distinto.

Las apuestas políticas rara vez las paga una sola persona, las pagan los grupos, las pagan los equipos, las pagan los proyectos, las pagan quienes apostaron tiempo, recursos y capital político a una estrategia que nunca terminó de despegar.

Martillazooo final

Existe una diferencia enorme entre una estrategia arriesgada y una mala lectura de la realidad. La primera puede salir mal, la segunda casi siempre sale mal. Y vuelve a surgir una pregunta interesante que nadie dentro del círculo cercano parece querer responder. ¿Quién fue el genio que concluyó que esta era una buena idea?

Alguien sigue viendo posibilidades, mientras que buena parte de la ciudadanía sigue viendo pendientes, mientras algunos hablan de futuro, mucha gente sigue recordando el pasado, mientras algunos insisten en construir una candidatura, otros observan cómo el terreno se sigue fracturando debajo de sus pies.

Lo preocupante no es equivocarse, todos se equivocan. Lo preocupante es seguir avanzando cuando las señales llevan meses diciendo que el camino no va por ahí, por lo que no dejaremos pasar el siguiente refrán: “el que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe”

Dicen los viejos que nadie escarmienta en cabeza ajena, tal vez tengan razón, el problema aparece cuando tampoco se escarmienta en la propia.

La política suele ser brutal con quienes confunden insistencia con viabilidad, más brutal todavía con quienes creen que el tiempo borra aquello que la gente sigue recordando.

Hay decisiones que cuestan elecciones, hay otras que cuestan credibilidad. Las más peligrosas son las que terminan costando ambas. Cuando finalmente llegue la hora de pasar lista, tal vez el problema no sea descubrir que la apuesta salió mal, tal vez el verdadero problema sea descubrir que todos vieron venir el desenlace, menos quienes la impulsaron.

Y como lo hemos venido haciendo en la semana, de nueva cuenta no diremos nombres.

No vaya siendo que ahora si se nos enfade el equipo completo que sigue convencido de que esta historia todavía tiene gasolina.

El que entendió, entendió, los demás todavía tienen tiempo para hacer la tarea.

MARTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE… y recuerda que lo mejor está por venir.

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