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Clayton Kershaw siempre fue un fenómeno.Una curva diseñada en un patio de Dallas, un brazo zurdo que rompía rodillas desde niño y una amistad con Matthew Stafford que le enseñó a lanzar bajo presión desde temprano. A los 17 ya era una máquina: 13–0, 0.77 ERA, 139 ponches en 64 innings. Dominio absoluto. En el Draft de 2006 salió séptimo global. El reporte era simple: brazo del cielo, curva del infierno. A los 20 llegó a Grandes Ligas. Vin Scully vio un gancho primaveral romper a un veterano y lanzó una frase que lo acompañaría toda su carrera: “Public Enemy…
