07
Nov
A los siete años, George Herman Ruth Jr. fue entregado por su propio padre a una institución de Baltimore que funcionaba como orfanato, reformatorio y escuela técnica. El documento de ingreso lo describía como “vicioso e incorregible”, un niño fuera de control. Nadie imaginaba que aquel pequeño terminaría cambiando la historia del deporte. Durante doce años, el reformatorio fue su único hogar. La mayoría de los niños que pasaban por allí eran olvidados por la sociedad. Pero Ruth tenía una energía distinta, una fuerza que no podía ser contenida. En medio de la rutina de talleres y estudios, un sacerdote…
