¡GOOOOOOOL!… Quiñones, Quiñones, Quiñones… El marcador nunca preguntó de dónde venía. ¿Y en la política sí?

Hace apenas unas horas, el día de ayer, millones de mexicanos estaban pegados a la televisión viendo jugar a la Selección Nacional. El partido era importante, la presión era mucha y, como siempre, todo el país esperaba que alguien apareciera para marcar la diferencia. Y apareció, el primer gol lo hizo Julián Quiñones.

Lo curioso es que Quiñones no nació en México, nació en Colombia. Hace algunos años, cuando comenzó a hablarse de su llegada a la Selección, no faltó quien torciera la boca, que cómo era posible, que había muchos mexicanos, que primero los de casa, que un naturalizado no debía portar la camiseta nacional. Otros más si lo aceptaron y no se equivocaron con eso.

Las críticas fueron muchas, los prejuicios también, pero el futbol tiene una costumbre muy sencilla, cuando rueda el balón, el acta de nacimiento deja de importar, lo único que importa es quién responde en la cancha. Y Quiñones respondió, metió el gol, ayudó al triunfo, y al final nadie estaba preguntando dónde había nacido, todos estaban celebrando el marcador.

Hay que decirlo como es, cuando alguien entrega resultados, las etiquetas empiezan a perder importancia, justamente aquí es donde la política comienza a parecerse mucho al futbol.

También existen quienes siguen preocupándose más por el origen que por la capacidad, más por la credencial que por el talento, más por la militancia que por los resultados, como si un partido político fuera un club exclusivo donde lo importante fuera saber quién llegó primero y no quién puede ayudar más.

La historia demuestra exactamente lo contrario, hay militantes de toda la vida que nunca lograron conectar con la gente, también hay perfiles que llegaron de fuera y terminaron fortaleciendo proyectos completos.

Las elecciones, igual que los partidos de futbol, no se ganan revisando currículums partidistas, se ganan poniendo a jugar a quienes pueden marcar diferencia. El verdadero rival nunca ha estado dentro del vestidor, siempre ha estado enfrente. Sin embargo, todavía hay quienes prefieren gastar energía peleándose entre compañeros de equipo, cuestionando quién merece la camiseta, en lugar de preguntarse algo mucho más importante: ¿Quién puede ayudar a ganar?

Cuando el árbitro pita el inicio del partido ya no importa quién llegó primero al entrenamiento, importa quién resuelve en la cancha, en la “polaca” pasa exactamente igual, llegada la elección, al ciudadano poco le interesa cuántos años tiene alguien afiliado a un partido, lo que quiere saber es si tiene capacidad, si sabe gobernar, si puede dar resultados, si puede ganar, si sabe cuidar su casa.

Unos siguen cuidando la camiseta, los que realmente entienden el juego cuidan el marcador. Esta diferencia cambia por completo la historia. Los proyectos fuertes no se construyen cerrando puertas, se construyen sumando talento, reconociendo capacidades, entendiendo que nadie gana un campeonato con once jugadores peleados entre sí. Los campeonatos se levantan cuando todos jalan para el mismo lado, cuando el objetivo deja de ser el lucimiento personal y se convierte en la victoria del equipo. Por eso hay que recordar nuevamente al Chapulín colorado: como dice el viejo y conocido refrán, pero esta vez bien dicho, ” A huevo, ni las gallinas ponen”.

Por otra parte, dicen los viejos que “el que quiere azul celeste, que le cueste.” En la política cuesta todavía más, cuesta dejar el ego, cuesta entender que no siempre le toca a uno, cuesta aceptar que, a veces, el mejor jugador puede venir de otro lado, pero si ese jugador tiene con qué hacer ganar al equipo, lo inteligente no es ponerle obstáculos, lo inteligente es darle el balón.

Martillazooo final

En el futbol nadie celebra de qué país nació el goleador, celebra el gol, celebra el triunfo, celebra que el equipo siga avanzando. En la “polaca” debería ser exactamente igual.

Los proyectos no se fortalecen preguntando de dónde viene cada quien, se fortalecen entendiendo hacia dónde quieren llegar.

El rival no está dentro del vestidor, está enfrente. Mientras unos siguen discutiendo quién debería portar la camiseta, el reloj sigue corriendo. Las elecciones, igual que el futbol, no las gana el equipo que más presume sus colores, las gana el equipo que sabe jugar unido.

El que entendió, entendió, los demás todavía siguen viendo el acta de nacimiento en lugar del marcador.

MARTILLAZOOO!

QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!

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