El marcador va 5 a 0. Y no, no estamos hablando de béisbol, tampoco de fútbol, ni de una serie de playoffs. Estamos hablando de visas canceladas. Hasta este momento hay un dato imposible de ignorar: los nombres que han ocupado los encabezados nacionales por la cancelación de visas estadounidenses pertenecen al mismo partido político:Morena.
Primero fue la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, quien confirmó públicamente la revocación de su visa estadounidense, al igual que la de su esposo Carlos Torres. Después vino el caso de Brighite Granados de la Rosa, presidenta estatal de Morena en Chihuahua, quien confirmó que autoridades estadounidenses cancelaron su visa cuando intentó ingresar a ese país. Más tarde aparecieron reportes relacionados con Alfonso Durazo, gobernador de Sonora, y Américo Villarreal, gobernador de Tamaulipas, ambos emanados también de Morena.
Caso tras caso, nombre tras nombre. Con cada nuevo episodio, la conversación comenzó a crecer. Hace apenas unos meses parecía un asunto aislado, hoy ya forma parte de la discusión política nacional. La interrogante dejó de centrarse en las razones específicas detrás de cada caso, la conversación empezó a girar alrededor de otra pregunta:¿Quién sigue?
Estados Unidos rara vez explica públicamente los motivos específicos detrás de una revocación de visa. No hay ruedas de prensa, no hay expedientes públicos, no hay comunicados detallados, hay silencio. Este silencio, si de “polaca” hablamos, suele convertirse en terreno fértil para rumores, interpretaciones y especulaciones.
Unos hablan de procedimientos administrativos, tros de investigaciones, algunos de revisiones rutinarias, muchos simplemente imaginan escenarios. Lo cierto es que cada nuevo caso provoca exactamente la misma reacción: Llegan las llamadas, llegan las consultas, llegan los mensajes, llegan los rumores, pero sobre todo, también llegan los nervios.
Más allá de la imposibilidad de cruzar una frontera, la percepción pública ha convertido la cancelación de una visa en algo mucho más grande. En una señal, en un mensaje, en una advertencia. Sea correcta o incorrecta esta interpretación, la realidad es que las percepciones suelen correr mucho más rápido que la información oficial.
La discusión ya no gira únicamente alrededor de quienes perdieron una visa, la conversación empieza a enfocarse en quienes podrían enfrentar una situación similar. En este punto es donde el asunto deja de ser migratorio y se vuelve político.
El tema ya rompió récords olímpicos y mundiales, corre más rápido que Usaint Bolt en los cien metros planos, va de celular en celular, de chat en chat, de café en café, de oficina en oficina, de comida en comida y de reunión en reunión, y conforme avanza, la misma pregunta aparece una y otra vez: ¿Quién sigue?
Mientras eso sucede, en más de una oficina, en más de una mesa política y en más de un escritorio, hay quienes voltean discretamente a revisar dónde dejaron la visa. Otros ya la buscaron dos veces. Algunos hasta confirmaron que sigue guardada donde la dejaron.
Cuando un tema provoca que medio mundo voltee a ver el cajón donde guarda sus documentos, deja de ser una simple noticia, se convierte en conversación nacional.
Nadie quiere aparecer en la lista, pero todos quieren saber quién está en ella.
Martillazooo final
Hace algunos años perder una visa era un problema personal, hoy puede convertirse en un problema político. La cancelación dura unos minutos, los rumores que provoca pueden durar meses. Mientras unos buscan explicaciones, otros empiezan a revisar si su visa sigue exactamente donde la dejaron.
El marcador ya va 5 a 0. No es deporte, son visas canceladas.
Y como dice el viejo dicho: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.”
La interrogante ya no es qué pasó, la interrogante es: ¿QUIÉN SIGUE?
Y tú, ¿Ya revisaste si tu Visa está donde la guardaste? Si te quedó el chaleco ya sabes que hacer!
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!
